La mujer de tus sueños tiene el cuerpo de un Ferrari

¿Qué le puede dar a un hombre más placer que una mujer? Un aspirante a periodista busca a la mujer perfecta -o parte de ella- a sabiendas que no la va a encontrar, o que no tiene el dinero para comprarla.


En Japón, donde uno sólo imagina hombres pequeños y fríos que calman sus inquietudes sexuales con actos masturbatorios al borde de su Palm, un ingeniero de 45 años vive una historia de amor con cerca de treinta Love Dolls, una versión sofisticada y mucho más cara que las modestas muñecas inflables que adornan la vidriera de Sex Juguetes, una de las tiendas sexuales con más sucursales en todo el Perú.

El japonés se llama Ta Bo. Su nombre difiere por una letra de un arte marcial que algunos sexoadictos me han contado, les ayuda a sobreponerse a la guerra de sus impulsos y a pasar el día sin esperar la recompensa de una mujer al final, pero Bo es un pacifista frustrado que bautiza con nombres cariñosos a las mujeres sintéticas que lo acompañan a ver TV: "Las chicas de carne y hueso pueden llegar a pelear con uno. Ellas están de acuerdo conmigo siempre", dice, y por ello ha gastado en su harem lo mismo que cuesta un Ferrari F430 del 2008, que acelera de 0 a 100 kilómetros por hora en cuatro segundos, sólo para no escuchar su voz.

El Ferrari de las muñecas inflables a la venta en Perú no tiene nombre. Duerme un mes antes de navidad en una caja de treinta centímetros de altura donde una mujer de medidas superlativas en lencería roja garantiza un "incesante día o noche de placer entregado justo en su puerta". He venido a verla. He descubierto que es la última de un lote de veinte señoritas importadas de Estados Unidos y que una -mejor dicho, varias- noches de placer con ella vale 600 soles, cien más que el sueldo mínimo vital decretado por el gobierno, pero en la foto al costado de la caja parece más uno de esos juguetes que usan los niños para no hundirse en las piscinas.

Su hermana menor es aún más modesta. Cuesta la mitad y se llama Pamela. Promete "carne suave como la piel, un busto joven y maduro, muslos y piernas curvilíneas, cabello largo y sedoso, labios amorosos" y demás invitaciones que harían salivar al Marqués de Sade. Cuando uno entra a una sex shop tiene la impresión de que va a entrar al segundo círculo del Infierno de Dante donde los lujuriosos son arrollados por un torbellino que flagela implacablemente sus cuerpos.

Para descender al infierno uno sube dos tramos de escaleras. El primero de los diecisiete locales que Sex Juguetes tiene en todo el Perú está ubicado en la segunda planta de una casona con pisos de madera en pleno Jirón de la Unión, un paseo comercial que une la Plaza San Martín con Palacio de Gobierno, en el centro de la ciudad de Lima. Uno asciende al infierno convencido por volantes del tamaño de un billete que ofertan pastillas y cremas que aumentan el tamaño del miembro viril y la potencia sexual, junto a una multitud de artefactos indescifrables.

En la tienda no hay muñecas a la vista. Apenas las cajas en las que descansa su placer. Tampoco un Max California personificado por Joaquín Phoenix, con cabello azul y que lea a Truman Capote bajo el forro de una novela erótica. Max California es el último dependiente de una sex shop que vi en el cine. En la película 8mm guiaba a un detective privado interpretado por Nicholas Cage en su cacería del snuff, un mito urbano del porno duro en el que el acto sexual culmina con un homicidio real filmado en celuloide.

Los vendedores de una sex shop no son enciclopedistas del sexo. Tampoco pervertidos. Comercian con la misma minuciosidad con la que un vendedor de autos vende un auto de lujo pero nunca han conocido el placer que puede dar una de esas mujeres de mentira y jamás utilizarán alguno de los artilugios que ofertan. Mucho menos con sus esposas. Mi guía no se llama Virgilio, sino Henry, un hombre que me ha dicho que nunca le llevaría un consolador a su novia y que apenas saco la cámara, para fotografiar a ese Ferrari sin nombre, saca el cuerpo. Un vendedor en la sucursal de Miraflores, una zona residencial de Lima, me dijo que su familia sabe en qué trabaja: "En papelería".

Se llama Sandro, y mientras conversamos un hombre alto entra al cubículo que funge de tienda, en una galería cercana a la municipalidad, en el que conversamos. El arete en su lóbulo izquierdo dice que es heterosexual y el tatuaje en el hombro no es el de un cráneo con dos tibias cruzadas, pero le da una apariencia ruda. El prejuicio limeño indica que un pendiente en la otra oreja corresponde a los homosexuales. Da vueltas un rato hasta que pregunta por un vibrador de 180 soles, pide rebaja y luego pide que se lo envuelvan en papel de regalo.

- ¿Para la novia? -le pregunto.
- Ahhh... -es su manera de asentir.

No se lo digo a Sandro, pero su mirada me confirma mi sospecha: Esa noche no sería su novia, ni ninguna mujer, quien lo use. Alexandra Rampolla, la puertorriqueña gurú del sexo que hace poco pasó por Lima inaugurando dealcoba.com, una sex shop virtual, dice que es muy difícil que "un hombre latino, con una cultura machista donde el culo no se toca" admita la fantasía del sexo contranatura, mucho menos si se trata de autosatisfacción, pero también dice que la masturbación "es la relación sexual más importante que tú puedes tener en toda tu vida porque la tienes contigo. Porque darte ese autoplacer es conocerte, es integrarte contigo mismo". El hombre del arete puede ser heterosexual, pero conoce su cuerpo como la palma de su mano.

También hay los que quieren que su pareja disfrute: "Los hombres homosexuales son los que tienen más problemas para comprar. Los 'normales' son más desvergonzados. Una vez vino un cliente que me pidió algo para que el miembro se le achique", me dice Henry California. El hombre pequeño y frío se llevó un vibrador de dieciséis centímetros, de tamaño normal. Dijo que era para su novia, que podría por fin ser feliz. Las dos horas que estuve en cada local, no hubo un solo hombre que se acerque para preguntar por un Ferrari, pero la variedad de productos para el disfrute sexual me dice que todos tienen su propio vicio.

"Diga su vicio y yo digo el precio", decía Max California. En una tienda sexual hay precios para todos los bolsillos necesitados de placer que no desean acudir a una mujer de alquiler. Y si uno no quiere comprar una mujer completa, puede tenerla por partes: Moldes hechos de silicona con la forma de los labios de una mujer cuestan alrededor de 300 nuevos soles, casi lo mismo que otras con la apariencia de los órganos genitales de una dama sin rostro. Un par de glúteos hechos de silicón cuestan incluso más que una dama completa: 800 soles. Todos tienen un aditamento que les permite vibrar. Las baterías están incluidas, pero nada se compara a ese Ferrari con apariencia de flotador. Aún así, cuando tiento un orificio en su caja, la textura de su piel es fría y húmeda como los labios de una mujer que no te ama. Yo hasta la miro con ternura, pero Virgilio la ve como una mercancía.

A los hombres les gusta jugar con muñecas. Dice Henry California, con el su mirada papel moneda, que es porque hay quien no puede satisfacer a una mujer. La Rampolla asegura que la infidelidad sucede por muchas cosas que no tienen nada que ver con sexo. "Muy a menudo tiene que ver con que las personas no se sienten bien atendidas emocionalmente". Le creo tanto a ella como a Henry California. La mayoría de los clientes que compran productos para sus mujeres reales, o muñecas para ellos, son hombres mayores de cuarenta años. Un estudio reciente de la Asociación Mundial de la Salud Sexual señala que alrededor de un millón de peruanos mayores de 40 años padece disfunción eréctil, por lo que comprar un vibrador para su esposa o un artefacto para su propio disfrute sexual debe ser como una travesía a la juventud.

Las primeras muñecas inflables no tenían aire dentro y se les llamaba "damas de viaje". Estaban hechas de trapos y las usaban los marinos para aplacar la soledad. La leyenda dice que Adolf Hitler mandó a fabricar miles de muñecas inflables de belleza aria y látex para sus tropas. Las love dolls de estos tiempos son fruto del trabajo de un artesano japonés graduado en la Facultad de Arte de la Universidad de Tokio, que tarda cuatro días de trabajo continuo en crear muñecas cuyo cuerpo está integrado por un esqueleto mecánico articulado y gozan de la capacidad de poder intercambiar sus cabezas para tener varias mujeres diferentes. El sueño de las treinta muñecas de Ta Bo hecho realidad en una sola y tenerlas cuesta alrededor de los 29 mil soles según la página web de la empresa francesa Doll Story, lo mismo que un trabajador de rango medio gana anualmente en el Perú.

El artesano se apellida Atsumi, y mientras hace moldes de arcilla para sus creaciones se las imagina tomando vida, hablándole coquetamente. Su filosofía de trabajo es tan oriental como el Kamasutra: "La veo pasar su mano por sus cabellos, imagino lo que ha comido anoche, donde salió, con que ropa durmió... Le pongo mucho amor antes que nada y respeto a esta historia que me creo, y luego, la fabrico como un sueño. Y es este sueño que me invade mientras trabajo en ella".

Las mujeres artificiales de Atsumi no jadean, ni su ritmo cardiaco aumenta junto a su temperatura corporal mientras hacen el amor como las que fabrica Michael Arriman, un mecánico aeronáutico de Núremberg que dedicó su vida a crear a la mujer artificial más real de la historia. Tampoco tienen la apariencia de Jessica Love-Hewitt, Tori Spelling, Lindsay Lohan, Eva Méndez, Jessica Alba o su estrella de cine favorita, que es lo que oferta Pipedream Products, una de las tiendas sexuales más grandes del internet.

También hay otras con cuerpo de transexuales, gordas y ancianas. Mis gustos no son lo suficientemente extravagantes para ello, ni para tomarme el tiempo conectar a un inflador esa bolsa hecha de látex con la textura de los labios húmedos de una mujer que descansa en una caja, ni para bombear hasta darme cuenta que estoy muy cansado para hacerle el amor pensando que tiene nombre y su cabello artificial es un cúmulo de rizos hidratados. He buscado y no he podido encontrar una mujer de mentira que me deje tranquilo sin discusiones, como le sucede a Ta Bo. Prefiero aquellas fruncen el ceño y luego te abrazan. Sin embargo una extraña intranquilidad recorre mi cuerpo cuando bajo las escaleras del segundo círculo del infierno con las manos vacías. Me viene a la mente una frase de Max California: "Pequeño, si bailas con el diablo el diablo no cambiará, él te cambiará a ti".


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Dos pájaros, un tiro. El concierto de los que sobran

A las 9 en punto de la noche del 21 de diciembre, Joaquín y Joan Manuel bajaron unas escaleras. Se burlaron uno del otro y me hicieron llorar encima de otras escaleras que el sueño de todo fanático hubiera querido que bajen ellos mientras cantaban, tal como lo hacían a cincuenta metros de mi. De mi y de todos.

Las escaleras son el camino al cielo. En la Biblia, Jacob tiene una visión en la que sostenía una escalera que llegaba hasta el cielo. Desde la cima de la escalera, escuchó la voz de Dios, que repetía muchas bendiciones hacia él. Cuando yo subí una escalera, escuché una bendición de Joaquín y Joan Manuel que no recuerdo.

Prometí ir a ese concierto como he prometido ir al de Soda Stereo, pero no podía pagar los 118 soles que cuesta la entrada más barata, de la que sólo quedaba la última fila dos días antes del evento. En su lugar, hice lo de Jacob y tomé una escalera. La del puente peatonal del Jockey Club. Pero no era el único.

Cuando llegué, hacían veinte minutos que había empezado Dos Pájaros de un Tiro, la gira mundial de Sabina y Serrat, o viceversa, que no es lo mismo ni es igual. Veinte minutos de concierto ya me decían que había veinte personas en el puente peatonal. Lo más irónico es que los desposeídos escuchan el concierto justo al frente de donde ingresan aquellos que poseen una entrada Platinum que costaba 495 soles con 50 centavos.

Habían veinte personas tomando y fumando mientras trataban de oir cada canción. Ya lo dije, pero lo repito con la misma insolencia con la que Sabina tomó una foto antes de decirle a su compadre que "los catalanes han inventado el amor por no tener que pagar por tirar". Yo no podía verlo, creo que ni siquiera lo escuché. Sé que lo dijo y lo imagino como imaginaba, al igual que todos los que estábamos en esa escalera que se necesita para subir al cielo, por tí seré, por tí seré.

"¿Chela, chela? ¿Causa, quieres chela?" era un susurro que recorría la escalerita esta que me andaba llevando hasta el cielo. Quique y yo compramos una a cuatro soles, pidiendo rebaja. Si una escalera te lleva al paraíso, el sólo hablar de dinero te regresa de un jalón a la tierra mientras Joaquín alterna con Serrat eso de que "Tu nombre me sabe a hierba / De la que nace en el valle / A golpes de sol y de agua / Tu nombre me lleva atado / En un pliege de tu talle / Y en el bies de tu enagua / Porque te quiero a ti, porque te quiero / Aunque estás lejos yo te siento a flor de piel". Bis, bis, bis.

Una hora después había oído Princesa, mucho antes que Serrat le respondiera a Sabina que cataluña ha aportado a la historia de la humanidad, cosas de tanta importancia como Ronaldinho, Leonel Messi y el consolador. Me dieron las diez, pero no me dieron nunca las once. A las 10:20 habían cincuenta hombres y mujeres queriendo tener un oído de tísico insuperable. Cuando había invertido un cigarro en gilearme a un pésimo prospecto y a Quique su prospecto se le había escapado (o mejor dicho, la mandó a volar), cuando la conversa con Zelez y Vlad (que no conversaba, sólo añoraba) se había vuelto casi perfecta, se acabó la magia.

Todos esos que esperábamos que alguna de las mil 130 entradas que se habían quedado sin vender llegaran a nuestras manos y estirábamos los cuellos para poder ver la mitad de la cabeza de alguno de los dos pájaros en una pantalla gigante tapada por un muro, fuimos expulsados de nuestra escalerita al cielo por una horda de hombres color verde policía. Ese color que uno aprendió a odiar en la Venezuela de Chávez. Ellos, of course, se quedaron escuchando algo que sus cerebros no les permitían entender, como no comprendieron la afrenta de Zeles, cuando nos íbamos, de subir la escalerita, caminar por el puente, escuchar un poquito, y bajar.

En mi bolsillo sólo habían, además de mis pasajes y una cajetilla de cigarros, nada. No iba a ir a La Noche a esperar el milagro de que Joaquín y Serrat aparezcan a tomarse una copa del Perinet de las bodegas que tiene Serrat. Al día siguiente, tempranito, ellos se iban con un millón de dólares en el bolsillo. Al menos así me dijeron. Pero cumplí la promesa de ir a escuchar a dos pájaros matarse de un tiro. La única que le cumplí.

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Es inhumano dispararle a un cadáver

No conozco a doña Alejandrina Camacho del Corral. Nunca le ví la cara. Sólo sé que se apellida igual que un amigo mío y apenas pude ver la talla treinta y cinco de sus pies descalzos envueltos en pantymedias de nylon. Nunca conocí su rostro. Pero imagino que tiene el cabello cano que corresponde a sus setenta y siete años. No sé si vive en Miraflores, si tiene familia, o si vive tan sola como cuando empezó a cruzar la avenida Diagonal, desde el parque Kennedy hacia el Cine Pacífico. Conozco la dirección de su caminata, pero no hacia dónde iba.

A la 1:30 p.m. del jueves 22 de noviembre, Alejandrina se cruzó conmigo. Cincuenta minutos antes, una coaster placa UQ-8905, conducida por Wilber Chávez Sandoval, la había dejado tendida en el pavimento. Según los testigos, su agonía duró dos minutos exactos. El chofer del vehículo que la atropelló, aceleró sin ver a una anciana que cruzaba con pasos cortos y lentos porque intentaba ganarle pasajeros a otro que cubre la misma ruta todos los días. La ruta de esa unidad pasa por San Marcos, la misma universidad donde estudié.

No estábamos en San Marcos, en el límite de Cercado de Lima y el Callao. Estábamos a poco más de nueve kilómetros de ahí, en pleno centro de Miraflores, el distrito limeño que inició siendo un balneario fuera de Lima y ahora es una zona residencial, dentro del casco urbano de la capital peruana, donde al día circulan más de ciento treinta líneas de transporte público. Cada una de las rutas debe tener al menos veinte unidades, lo que da un total de más de 2 mil 600 buses, coasters y combis recorriendo dicha jurisdicción las veinticuatro horas del día, en los estimados más modestos. Estoy en Miraflores, Wilber Chávez Sandoval acababa de atropellar a Alejandrina Camacho del Corral. Yo soy un bachiller en periodismo que espera conseguir su licenciatura y que se acaba de cruzar con el primer muerto de su vida.

"Un periodista es periodista las veinticuatro horas del día". Lo recordé cuando caminaba por el medio de una avenida Diagonal en la que no pasaban autos. El tráfico estaba cortado, según yo, por la construcción de un estrado donde al día siguiente habría un festival por el Día Mundial de la Música. Era la 1:30 p.m. cuando me crucé con Alejandrina y mi cámara empezó a trabajar. Casi al instante conseguí toda la información que pude y envié, en mi día de descanso del diario deportivo donde trabajo, un despacho detallado a los periodistas de policiales que alimentan a los tres medios no deportivos de Epensa, la empresa periodística donde trabajo.

No recuerdo cuántas fotos tomé. Recuerdo el vestido azul con vivos celestes, las pantymedias marrones. Tengo en mi cabeza el color rojo de la sangre y cómo esta se sedimentaba dejando el plasma separado de los glóbulos rojos. Recuerdo la adrenalina recorriendo mi sistema y cómo nunca tuve remordimiento. En mi cabeza retumban las palabras de José Ortiz (31), que salió a comer en el momento del atropello y un cuarto de hora después regresó diciendo que los efectivos de Serenazgo de la municipalidad no ayudaron a Alejandrina durante los quince minutos que duró su agonía. Yemerson Rengifo, un hombre de cuarenta y nueve años que se gana la vida lavando autos los desmintió. "Ahora la gente habla huevadas". Me tranquilizó: Todos los cambistas de dólares de esa calle me recuerdan que fue Yemerson quien vió con sus propios ojos, cansados por el sol de mediodía, el accidente completo.

El alcalde de Miraflores llega. Manuel Masías fue elegido luego que venciera en elecciones a su antecesor, Fernando Andrade. El argumento de campaña de Andrade era la continuación de la obra de su hermano Alberto: el ordenamiento de Miraflores y bastante seguridad ciudadana, matizado con obras cumbres como la remodelaciòn del puente Villena para quitarle el estigma del paraíso de los suicidas. Nada con el tráfico ni las combis. Masías aparece en medio de los quince semáforos del cruce donde falleció Alejandrina. Dice que tiene un proyecto para reducir el número de combis. Una chica le pide que la silueta de Alejandrina sea marcada con pintura blanca para que haya un recuerdo. El dice que lo tomará en cuenta. Yo sigo tomando fotos y sigo apuntando cada palabra.

A medio día no hay sombra. Lo recuerdo muy bien, pero no recuerdo cuántas fotos tomé. Recuerdo mucho aquella donde un policía descubre los pies de Alejandrina. En la espalda del chaleco del policía dice "Lima, ciudad segura". Es el sarcasmo andante. Es el mismo que minutos antes casi me bota porque pensaba que no era periodista y que de cuando en cuando descubre el cuerpo cuando las cámaras están estratégicamente colocadas. Recuerdo todo. Lo único que no recuerdo es aquella por la que no pude disparar: Ante la señal de un camarógrafo de América TV, un policía le descubre el rostro. Yo estaba en mala posición y, si fuera un fotógrafo de policiales, debía correr unos diez metros para ubicarme y disparar. Preferí caminar lento. Es inhumano dispararle a un cadáver y es más inhumano aún mirarle a los ojos mientras lo haces. No pude hacerlo. No conozco a Alejandrina y supongo que es un mecanismo de defensa no querer conocerla. Preferí dejarle ese trabajo a un fotógrafo como Erick.

- ¿Tú no eres de los que les descubre el rostro para tomar la foto? -le pregunté. Erick cerró sus ojos verdes y movió la cabeza de lado a lado. Luego hizo un gesto de fastidio.
- Estoy tratando de que no salga la sangre.

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Fumar

Un día intenté dejar de fumar. Fue una de esas locuras de amor que se hacen cada cierto tiempo: Ella no soportaba verme con un cigarro en la boca a pesar que me conoció fumador y mucho menos aguantaba el sabor de un lucky light en mis besos. Un día de verano decidí que iba a dejar de escabullirme en las madrugadas para cruzar al grifo enfrente de mi casa a despertar a Erwin y pedirle una cajetilla de cigarros. Hasta que se acabó el amor.

Fumo desde que tengo 12 años. Mi primera pitada fue una calada profunda y sin golpear que le di a un Hamilton en la plaza principal de Camaná, una ciudad costera al sur del Perú donde pasé uno de los mejores veranos de mi vida. Una vez escribí una columna en el diario donde trabajo, desde algún lugar de Táchira a mitad de camino entre Mérida y San Cristóbal, lo siguiente: "Fumaba en la universidad, en las amanecidas de estudio, fumo a la salida del cine, camino al trabajo, en el baño, e incluso una vez hice acrobacias para hacerlo mientras me duchaba". Era lógico que no haya podido dejar de fumar aquella vez.

Lo cierto es que lo intenté. Con todas mis ganas. Hasta un día, con la excusa de escribir un cuento en el que recordaba mi primer fallo, fallé. Compré un sólo Montana, uno nada más. Son los cigarrillos más baratos que puedes encontrar en Perú que aún conservan el sabor del tabaco. El resto de cigarros que sólo afectan al pulmón y no al bolsillo, saben a madera o pasto seco.

Inmediatamente después corrí donde Erwin y fumé toda la noche con el sentimiento de culpa más grande del mundo. Cuando iba a verla fumaba un cigarro antes de subir al micro y tenía la ventana abierta mientras masticaba cantidades industriales de Halls, Clorets y caramelitos de menta marca Ambrosoli. Nada más feo que negarse a uno mismo.

Desde entonces no he parado de fumar. Creo que aún conservo la foto que me tomaron para el carnet universitario después de ese verano sin nicotina. Me veo con cinco kilos más y con los cachetes inflados, casi igual de rechoncho que en la época en que era un niño gordo, enano y que caminaba como pingüino. Aún camino como uno, pero estoy delgadísimo excepto por la panza que detesto. Lo bueno es que sigo siendo yo.

PS: No, el de la foto no soy yo.

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Papás por siempre

Acabo de leer un post de Renato acerca de esos días que a todas las mujeres deben venir y de los estragos que provoca el hecho de que esos días no lleguen, y empecé a recordar el día en que ese día no llegó.

"No viene", me dijo. Teníamos 16 y pasé 26 días consecutivos (incluyendo sábados, domingos y feríados) yendo a ver a mi madre -la imagen de la virgen maría de la iglesia del parque Kennedy-, rogándole que ese día llegue y buscando trabajo en los clasificados del Comercio.

Por esos días, mamá (la que me parió, no la Virgen) me mostró ese horroroso documento sobre el aborto que les daban a las chicas del colegio donde trabaja como profesora, en el que un feto cuenta a mamá lo que le sucede desde el momento en que es concebido, hasta el momento en que someten a su madre a un aborto inducido. Imagínense, no había salido del colegio, ya pensaba en ser papá, y me ponen eso al alcance de los ojos.

Por fin, un día antes de que ella se someta a la prueba de orina que decidiría el día de mi muerte con un paternal balazo en la cabeza, llegó. No pasó nada, felizmente, pero no entiendo hasta ahora cómo una mujer puede sufrir un retraso de 26 días. Aún así este post no es sobre mi, sino sobre aquellos amigos que no tuvieron mi suerte, pero sí el valor para vivir y ser felices con sus hijos y sus novias.

Un día recibí un email de C, el hermano que nunca tuve. Me pareció raro porque él no suele escribir y mucho menos enviar cadenas. Lo abrí y decía, en pocas palabras y con una emoción incontenible, que yo y los cinco amigos de su universidad a quienes iba dirigido el correo masivo íbamos a ser tíos. Tomé el teléfono y apenas contestó le pregunté, con la misma impactante franqueza con la que nos hemos tratado siempre, si debía felicitarlo o compadecerlo. Cuando sentí su tono de voz aliviado, lo felicité, colgué y luego grité por toda la redacción que iba a tener un bebé. Eso fue mucho menos surrealista que cuando recibí una llamada de M, uno de mis mejores amigos del que sólo criticaba sus ansias de ser irresponsable toda la vida.

- ¿Dónde estás? -me dijo con una voz de velorio que sólo podía interpretar como que acababa de pelearse con A-.
- Abajo de mi casa, en la cabina de internet. En un toque zafo a la Universidad, que tengo clases.
- Ven -replicó como esposa urgida-- Tengo clases -respondí sin ganas de ir a verlo-.
- Creo que metí la pata.

Bastó que M dijera esa frase para que le dijera que llegaba en cinco minutos. Salí, tomé un taxi. Contrario a mi costumbre no le dije ni pío al taxista porque sólo pensaba en llegar a la esquina de Javier Prado donde habíamos quedado en encontrarnos. Ahí estaba él y la chica que en uno de esos breves breaks que dan lo novios, me había gustado.

El trámite fue rápido. Me dio el sobre que ya habían leído y cuyo resultado no habían podido descifrar más allá del "felicidades, estás embarazada" que les dijeron en la clínica. Querían que fuera yo quien les dijera que ella tenía 6 semanas de embarazo. ¿Felicidades? Suena a cacha a veces. Tuve un arranque histriónico y adopté la postura firme y la cara seria mientras mis manos temblaban. "And the winner is..."

Hoy M y C viven felices con sus novias y los pequeños M y C. El primero aprendió a crecer y el segundo a ser feliz viendo como su hijo aprende a hacer caquita por si mismo. Ambos tuvieron que aprender a cambiar pañales. Lo único es que yo hasta ahora no aprendo a ser tío. Si no sé ser tío, peor aún sería si fuera padre.

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La novia de mi mejor amigo (o la hermana, o la prima...)

Admito que he violado una regla inviolable más de una vez. Que me he enamorado (o algo parecido) de la novia de un amigo. Lo peor es que he tenido la desfachatez de dejar que ellos se enteren con los más variables resultados. Supongo que este post es una forma de catarsis que me permite reconciliame con ellos, ellas, y conmigo.

La primera vez se trató de V, la novia de JC con quien no he vuelto a hablar con la misma intimidad de confidentes que teníamos en quinto de media. El me contaba los mil problemas que tenía con V y yo le contaba los que tenía con mi enamorada de ese entonces.

El problema es que yo tenía la misma intimidad (amical, aclaro) con su enamorada. Un día de borrachera en casa de JC, le dije a todos mis amigos -menos a él-, lo mismo que le había dicho a V: Que me sentía mal porque ella me gustaba. Les pedí a todos una discreción que todos rompieron. JC debe seguir creyendo hasta ahora que yo me agarré a V y por eso no me ha vuelto a hablar.

Por eso debe ser que cuando me empezó a gustar A, el trauma revivió. A es una de mis mejores amigas y en esa época era sólo la novia de M. Hoy es la madre de su hijo y la mujer de su vida. Pero entonces sólo era su novia, o mejor dicho, su ex. Acababan de darse uno de esos breaks que le vienen tan bien a los partidores y serruchos -como los conoce el imaginario limeño- para hacer su trabajo.

La cosa es que tuve la previsión de no decirle nada a nadie, excepto a la hermana de M, que se lo contó a mi amigo sin que yo lo sepa. Tiempo después se lo dije al buen M y me dí con la sorpresa que sabía de mi deslealtad y me acogió como el hijo pródigo que dejó la casa de su padre. Hoy M y yo somos tan (y más) amigos que siempre. Yo ya no le cuento más cosas a su hermana.

Pobre M. Seguro también sabe que en algún momento de soledad quise algo con su hermana, pero es porque en esa época andaba sólo, los veía mucho, ella andaba en problemas con el enamorado de turno y yo tiendo a mostrar simpatía hacia los sufrientes. La hermana de M tiene un problema que puedo traducir como un sentimiento de culpa más doloroso que la patada de una mula en los cojones.

Cuando le comenté a ella que en algún momento me había gustado, ella se lo contó a su novio, un troglodita que terminó por amenazarme de muerte en la azotea de la casa de M. Me dejó con cara de idiota porque, para variar, no estaba prevenido de la boca floja de mi amiga. Sólo pude responderle al energúmeno que yo podía decir muchas cosas, pero que mi tratamiento de Litio me hacía olvidarlas.

Salida perfecta, me dejó en paz un par de días hasta que llegó a casa de M y me encontró dándole un abrazo efusivo a su novia, la hermana de M. Yo estaba en terno, y luego de repetir su amenaza, le dije que si tuviera otra ropa, quizás peleaba, pero que no iba a malograr mi terno por él. Lugeo, huí como suelo intentar antes de una pelea inevitable. Esa vez me dio resultado.

Sólo digo lo mismo que dije al principio. Que supongo que este post es una forma de catarsis que me permite reconciliame con ellos, ellas, y conmigo. JC, mil disculpas. M, gracias totales (como diría Cerati), por aguantarme.

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Para Elisa

Me hice una prueba de VIH hace un mes. Salió negativa. Pedí que extrajeran varias gotas de mi sangre anémica porque unos días antes había leído el reporte de USAID/ONUSIDA y quería saber si se siente miedo. Dejé que pase todo el tiempo del mundo para recoger mis resultados y olvidé hacerlo incontables veces.

Ayer los recogí en la clínica de la Universidad y es curioso, pero aunque uno nunca haya tenido conductas de riesgo, busca la sinrazón para que la sicosis le gane. Pensé que quizás, en una de mis visitas a la Posadita del Buen Pastor, un albergue para niños con VIH en Magdalena, podría haberme infectado sin querer. Mi otro lado paranóico no podía recordar si la única vez que doné sangre, la aguja que me clavaron era nueva o usadita. Y así.

En la Clínica Universitaria de San Marcos tampoco ayudaron al momento de entregármelo. Primero, te lo dan a través de una ventanilla desde donde puedes ver la impresora donde, valga la redundancia, imprimen tus resultados. Es más, de reojo llegué a ver el NO REACTIVO en el papel, cinco minutos antes de que la señora que atendìa me diera el resultado.

Lo raro es que a pesar que lo había visto, seguí sudando frío hasta el momento en que tuve el papel en mi mano. Cuando la doña de los resultados salió con tres sobres cerrados, le pedí el mío pese a que sabía que ninguno de los dos era el mío. De paso me torturé pensando en que cada que mientras buscaban mi nombre, andaban apuntando el resultado para comentárselo entre ellos. Y asi, un largo etcétera lleno de delirios de persecusión.

Toda la experiencia de pánico hizo que me pusiera a buscar el informe de USAID/ONUSIDA acerca de la situación de la plaga hasta el 2006 y llegar al perfil de Perú. Los datos realmente me alarmaron.

1. Existen 93 mil personas infectadas con VIH en el Perú.
2. El 22.6 por ciento de los hombres homosexuales y el 20 por ciento de los trabajadores sexuales están infectados.
3. Del total de infectados, sólo el 52% de hombres y mujeres reciben terapia de antiretrovirales.
4. El gobierno expende 4 millones 272 mil 35 dólares para controlar la epidemia (el resto lo hacen los organismos privados).
5. Apenas el 3.5 por ciento de madres infectadas recibe tratamiento para evitar la transmisión de madre a hijo
6. Y ninguna fuente oficial ha dado informacion acerca de qué tan informados están los jovenes sobre cómo prevenir el contagio.
7. Esa información sale de los casos reportados. La del Perú no oficial son más y la situación peor.

Adjunto Para Elisa, la de Beethoven (Cortesía de alguien que colgó su video en Youtube)

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Happy B(log)-Day (Actualización)

Lo siento. Dani (el de la cabina justo abajo de mi casa) tiene sueño. Ya me bota. Soy un firme creyente de que más vale tarde que nunca, pero esta vez el tiempo me ha ganado. No incluyo descripciones (ni el blog de Catalina), sólo cinco blogs que debía haber linkeado el Blog Day. Suerte.

UPDATE: Ahora tengo tiempo (es jueves) asì que incluyo comentarios y descripciòn de los autores, por breves que sean

Habla Sonia Luz (Sonia Luz Carrillo): Profesora sanmarquina que me dejó el honor de mil clases bien vividas y un comentario en este post que casi me lleva a las lágrimas. Ojo, siempre he requintado de la calidad educativa de la Decana de América, pero esta profesora es de las que se salvan. Y con honores. Blog de devaneos y hallazgos recomendable para aquel que necesita iluminación (y memoria histórica).

5 esquinas (Kike La Hoz): Como dice él (mi casi hermano) en todos los lugares del mundo se juega al fútbol. Si quiere saber cuál es la selección de Oceanía que ha recibido las peores goleadas de la historia, o en qué países asiáticos afecta la prohibición de jugar por encima de los 2 mil 500 m.s.n.m. chequéelo.

Transformers Perú: El Santuario del Último Autobot (David Buenaño): Aquel que me hizo regresar a la elogiable tarea de rescatar recuerdos de mi niñez. Le debo un post sobre los transformers que nunca me ha pedido y que nunca le ofrecí. Para todos los Transfans, sólo es necesario hacer un clic para avanzar.

EL MUNDO, UN DÍA (MJO): Qué más se puede decir de él.

La Cebolla (autor desconocido): Ríase a carcajadas de la realidad peruana y luego vea qué haer por este país (no, esta no hace llorar).

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S.O.S.an Marcos (Déjenme salir!!!!)

Un jueves (el único día útil para hacer lo que debería hacer durante la semana) regresé a San Marcos. Eran casi las 2:00 p.m. e iba a conseguir mi diploma de bachillerato en un día de protestas. El SUTUSM (Sindicato Unico de Trabajadores de San Marcos) acababa de hacer su manifestación número 500 -de este año- y con cierto dejo de temor, las oficinas atendían. Hasta ahí dije "perfecto, son casi las dos de la tarde, la manifestación ya terminó, están a punto de cerrar, recojo el diploma y me largo".

Lo tuve en mis manos, lo juro. Me costó no sé cuántas lucas ahorradas de mi sueldazo de periodista deportivo durante no sé cuántos meses. Hice, incluso, un plan de ahorro que destinaba cien soles semanales a la insigne labor de pagar lo inhumano del costo del bachillerato que fue brutalmente destruído por mi novia, aquella que siempre me hace pisar tierra y me dijo que no iba a poder nunca sobrevivir con 70 soles a la semana. Pero luego -plan de ahorro aprobado por mi propio MEF-, conseguí pagarlo.

Luego de olvidar recogerlo mucho tiempo, lo tuve. Habían pásado muchas cosas. Estuve 22 días en Venezuela y a mi regreso estaba acostumbrándome de nuevo a la civillizada Lima. Una cara detrás de la reja de una ventanilla me dio en la mano el cartón color sepia preciosamente caligrafiado -con las 15 lucas que pagué por ese servicio- para que viera si tenía algún error. Lo revisé minuciosamente. Tenía un corte casi imperceptible en una esquina pero lo dejé pasar por alto porque en mi alma mater, si reclamas, tienes que esperar más.

Ella me dijo que me espere. Se acercó con dos boletas pagadas un día de febrero que no era jueves. Tenían una letra preciosamente caligrafiada por la que nio había pagado, y mi firma pésimamente falsicada por mi novia. Haciendo corto el cuento, resulta que los 40 soles pagados por el rimbombante concepto de "Derecho de Publicación (de mi bachillerato) en el boletín de la UNMSM" y los 28 que había cancelado por "Derecho de Copia Legalizada de Diploma" ya no valían.

El TUPA sanmarquino no tiene nada que ver con mi amiguísimo Héctor Carvallo, un fotógrafo de la competencia que me hace cagar de risa y de ternura cada vez que lo veo. Es una forma del poder universitario para ocultar un nombre cojudísimo: Téxto Unico de Procedimientos Administrativos, que no es otra cosa que un tarifario que entra en vigencia cada año.

Esta vez el TUPA jugó en mi contra. El del 2007 dice que esos dos conceptos de pago totalmente ridículos cuestan 15 y 12 soles más, respectivamente. Cuando esa cara detrás de las rejas me entregó las boletas y me dijo que mi sueño del diploma propio me iba a costar 27 soles más puse mi mejor cara de cojudo y ensayé la pregunta: "Dígame, señorita, por qué tengo que pagar de más si ya pagué todo lo que tenía que pagar". Ella solo señaló un papel medio oculto y me dijo que lo que ya les dije del nuevo TUPA y demás yerbas.

- Pero ya pagué esos trámites -dije yo, nuevamente con cara de cojudo.
- Pero ese trámite se inicia cuando usted recoge su diploma -me dijo, y ahí sí me dejó con cara de cojudo al natural.

O sea que San Marcos me cobra por anticipado por un trámite que haré después con otro precio, no me avisa a al email que puse todos los años en las fichas de actualización de datos que son requisito para matrícularse. Para remate, cuando fui a pagar en la tesorería -que atendía por la puerta falsa por temor a que le rompan una luna los manifestantes- me dejaron esperando un rato y luego me dijeron que nos iban a atender por donde siempre. Luego de ir al otro lado, casi romperles la luna yo porque no salían, mandar a la mierda al tarado que salió a decir "¿Acaso me quieres romper la luna? Ya son más de las dos, no jodas" y pelearme con un profesor viejito que no tiene la culpa de todo lo que pasa en mi querida universidad, me fui a Indecopi a ver si, aunque sea, mi reclamo podía ser escuchado. Los de Indecopi, amables ellos, me dijeron en resumen: "Si está en el TUPA, no podemos hacer nada".

Bueno, chequeé el dichoso TUPA y resulta que la Nacional Mayor de San Marcos te cobra 50 soles por legalizar un diploma en trámite normal, que dura un día, y 70 por hacer lo mismo en una hora. Si hay algo que tengo que agradecerle a la cuatricentenaria (así se escribe) es que han hecho legal la coima que antes se tenía que pagar en las oficinas. Gracias.

PS: Si alguien tiene quejas con algun asunto de pagos sanmarquinos (o en cualquier otra universidad nacional), por favor hágamelo saber, que estoy pensando hacer un reportaje sobre lo estúpido (y casi delincuencial) de esos cobros.

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Del mensaje de Alan

Ok, ok, lo admito. Me perdí el mensaje de Alan, pero sé de qué habló vía el mercioco y su minuto a minuto (Dios, esto fue más comercial que el de la abuela). La cosa es que, en el fondo, este mensaje de 28 me parece más apropiado para los días de eme que vive el Perú. Sólo espero que Alan no termine diciendo que la abuelita Rina es una envidiosa, picona y comechada y que poco depsués vaya a pedirle disculpas argumentando que también tiene una abuelita.




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La Venezuela de Chávez (Parte I)

Posteo a propósito de un comentario de mi primo putativo Christian sobre un post que escribí en otro blog. De paso, aprovecho para protestar por la ley "reelíjamne ya, pero a mi solito" de la guacamaya veneca y por la última payasada hecha en contra de RCTV.
Estuve en Venezuela hasta que eliminaron a Perú de la Copa América (cuando empecé a pensar en crear este blog y en prohibirme escribir acerca de deportes) y descubrí varias cosas. La primera, es que Barquisimeto es una ciudad linda (de la mitad hacia la izquierda del mapa, donde se llena todo de malls y hoteles de varias estrellas). La otra mitad, digamos, tiene otro encanto: Es la ciudad que tiene la segunda tasa más alta de homicidios de todo Venezuela sólo por detrás de Caracas (60 asesinatos en Junio, según el Universal).
La Av. Vargas, la más peligrosa de la ciudad, según Julián -el mismo taxista que anda contando cuántos muertos al mes hay en todo Barquisimeto- parte la ciudad en dos de norte a sur y a su vez divide dos clases sociales (los ricos antichavistas y los pobres chavistas), que luego de lo de RCTV se agarraron a golpes en la Vargas y alrededores. Para muestra, lo que dice los muchachos de Noticiero en Derechos Humanos.
Las calles del centro, que me recuerdan a la avenida La Colmena en los años '80 están llenas de pintas donde se espera que los ricos se mueran, apelando a la igualdad, más que otras en Venezuela. El asunto anda tan convulsionado ahí, que el estadio para la Copa América prefirieron hacerlo casi en otro municipio, llamado Cabudare, y no en la misma ciudad. Léase para ello la informaciòn de la web oficial de la Copa América. Bueno, la Guacamaya dice ahora que va a botar de su país a los que hablen mal de él. Seguro no hubiera durado ni diez minutos en Venezuela.

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La última del Gorila

Esta es genial sobre el dictador veneco, rebautizado como Guaky en honor a su mascota de la Copa América. Resulta que ahora quiere que los canales de cable pasen por TV, cuando le de la gana, sus cadenas-propaganda. O lo que fuere.

La víctima es, una vez más, RCTV. La cadena que el 16 de julio pasado reanudó sus transmisiones por una señal de cable -lo venía haciendo hace bastante vía Caracol y Globovisión-, ignoró una de las cadenas nacionales donde Chávez aprovecha para monologar.

Cortesía de El Universal, en palabras del ministro de telecomunicaciones, Jesse Chacón, dijo el 12 de julio que RCTV tiene que acatar la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (más conocida como Ley Mordaza), que según él en su artículo 1 dice que la programación de RCTV es un servicio de producción nacional audiovisual difundido por varios servicios de difusión por suscripción, como son Directv e Intercable.


La respuetsa del vicepresidente corporativo de asuntos legales del canal, Oswaldo Quintana, es genial. Dice que RCTV no se produce en Venezuela y se transmite para todo el mundo, así que ponerlo en una cadena equivale a que uno esté viendo un capítulo de los Simpsons en Fox y le cambien de pronto la cara de imbécil-simpático de Homero por la de un imbécil que cae chinche.


Lo único que lamento es que el argumento de los chicos de RCTV le da nuevamente a Chávez la facultad de argumentar que son producto de Bush y no de un pueblo descontento con las burradas que hace el mandamàs al puro caballazo. Por lo pronto, ya un soquete le hizo caso, se trata de Rafael Correa (tocayo de Huguito), que dijo que si algún canal lo fregara como RCTV a la Guacamaya, lo cierra.


De todas maneras, la gente de Globovisión ya se puso las pilas y aseguró que Guaky --para que no digan que lo trato mal-- ya empezó a decir que pueden cerrar RCTV (sí, de nuevo). Noica, que le dicen. O sea que el Premio Libertad de Prensa de la SIP no va a durar mucho. :( Peor aún cuando gente del gobierno veneco dice que la SIP miente.

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No soy hipopotomonstrosesquipedaliofóbico

Buscando en internet descubrí este diccionario de fobias que, de veritas, de veritas, da miedo. Quizás porque esa lista del demonio hace que uno descubra más cosas de uno mismo. Primero, que no soy bromidrosifóbico, o sea que no tengo miedo a oler mal, gracias a que me baño todos los días (o casi). Por eso de meterme a la ducha cada que se puede, aunque en invierno no den ganas, no soy ablutofóbico.

Descubrí también que mi cuenta bancaria a veces parece tener miedo al dinero, o sea que padece una crometofobia que algún día terminará por matarme de hambre. Como bien (auqnue estoy flaco) así que no tengo miedo al alimento (cibofobia). A lo que sí parezco tenerle miedo es al hogar (ecofobia) y a ir a la cama (clinofobia). Debe ser porque en el fondo también tengo miedo de escribir en público (escriptofobia) y por eso aprovecho las madrugadas para hacerlo, cuando no hay nadie. Temor al fracaso (kakorrafiafobia y atiquifobia) o al ridículo (katagelofobia), que le dicen.


En fin, felizmente hay miedos que no tengo. Si el trece de este mes cayera martes, no me vendría un ataque de trezidavomartiofobia, o si cayera viernes, uno de paraskevidekatriafobia. Por eso es que tampoco tengo ninguna de las tantas variantes de temores a al pobrecito número trece (Triskaidekafobia, triakaidekafobia, tredecafobia), más bien le tengo compasión. Y auqnue el 666 se vea horrible, no soy hexakosioihexekontahexafóbico.


Hay fobias que me parecen estúpidas. Quién puede tener miedo a que la mantequilla de maní, o una sustancia parecida, se pegue en el paladar (Araquibutirofobia). Conozco gente que le tiene pánico a las cuentas de fin de mes y no encontré una sóla palabra que pudiera definir eso, aunque seguramente varios de ellos tienen una telefonofobia grave, especialmente si es pospago.Varios amigos míos tienen barofobia, eso sí. Le tienen miedo a la gravedad y por eso vuelan con un tronchito cada que se puede. Y bueno, nada qué hacer. Es lógico que Alanes, Humalas, Huayalayas y Otorongos mediante, uno sea politicofóbico.


Felizmente, luego de escribir todo esto, he descubierto que no soy Hipopotomonstrosesquipedaliofóbico, que no es otra cosa que el temos a escribir o pronunciar palabras largas o complicadas por miedo a equivocarse, aunque tengo que adminitir que sudé frío cuando leí esa palabrota en voz alta y que he revisado quince veces este post para saber si la escribí bien. Lo que sí soy es tafefóbico, me da pavor pensar que me pudieran enterrar vivo por error. Tanto miedo me ha dejado fobofóbico. Tengo miedo de tener miedo. Nada qué hacer.

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Natascha tiene novio

Via Bild (fuente requerida para encontrar las noticias más extravagantes de Europa), me enteré días atrás que Natascha Kampusch, la austríaca que a los diez años que fue secuestrada (el 2 de marzo de 1998) por Wolfgang Priklopil y que escapó de su cautiverio ocho años después, tiene novio. O algo así.

La noticia, publicada originalmente en el diario austríaco Heute, no deja dudas. La nena está enamorada, aunque cuando uno ve la foto, no puede dejar de pensar en que la chica se muere de miedo. No por nada dijo en una entrevista a la cadena austríaca ORF que luego de la experiencia, se volvió antropofóbica: "No puedo moverme sola en la vía pública. Es demasiado arriesgado, la gente me habla y me asusto".

En fin, parace que Nata no estaba muy asustada. Su mamá, Brigitta Sirny, según una nota publicada por elsemanaldigital.com, dice que ellos son sólo amigos y su papá, Ludwig Koch, asegura que si la niña de sus ojos se fijó en él, es porque "debe ser un buen chico porque si no mi hija no saldría con él".

Vale Nat. Supongo que el hecho de que tu noviazgo, afane, agarre o lo que fuera, tenga más derecho a apareer en esa sección farandulera en la que -cito a ocraM-, "un atraso menstrual es noticia", jode. Y bastante.

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Condorito preso (¿Y los otros?)

De niño tenía una colección de cien Condoritos, quería casarme con Yayita y quería ser un conchudo de primera como Garganta de Lata. Admiraba ese don que tenía el pajarraco para morir y en la tira siguiente renacer, o caer en la cárcel y en el número siguiente ser un millonario. Hoy también lo admiro, pese a que Condorito, por primera vez en su vida, se fue preso de verdad el sábado durante el partido entre Chile y Argentina por la semifinal del Mundial Sub-20 de Canadá que perdió la "rojita" (así le dice la prensa local) por 3-0.

Sin embargo, como si de pronto toda la prensa mundial fuera El Hocicón ("Diario pobre pero honrado", reza el lema), nadie se ha puesto a hablar de la condición clínica de los jugadores que, tras ese encuentro fueron agredidos por la policía canadiense. El mismo país carente de violencia del que Michael Moore hablaba en Bowling for Columbine.

La versión oficial chilena la tiene el diario La Cuarta, que indica a la "rojita" como la víctima mayor de una noche donde no sólo Condorito fue detenido, sino también once jugadores. De paso, le dieron con todo al hombro lesionado de Alexis Sánchez (la versión chilena de Damián Ismodes, supongo) y, según uno de los jugadores, Nicolás Medina, todo se inició porque a su compañero Isaías Peralta le aplicaron descargas de corriente eléctrica después que los policías iniciaron el desmadre porque a Cristián Suárez, otro de los jugadores, se le ocurrió bajar del bus a firmar autógrafos. Mientras, siempre según La Cuarta, la prensa que se encontraba cerca al bus –Chilena y Argentina– fue reprimida para que no pudiera fotografiar. "A los periodistas, chilenos y argentinos, sin distinción, nos golpearon y encerraron en una especie de corral pa' que no viéramos o fotografiáramos los incidentes, al mejor estilo de las peores dictaduras", dice el diario.

Ignoro si esta versión será producto de un nacionalismo exacerbado que no quiera ver absolutamente nada de lo que en verdad pasó o si en realidad es producto de un furibundo golpazo de un policía canadiense que agarró de piñata al enviado especial de este diario, pero lo cierto es que toda expresión de violencia, es abominada por la Fifa, que dice en su declaración de principios. En su artículo cuarto, los estatutos del ente máximo del fútbol mundial dice: "La FIFA promueve las relaciones amistosas a) entre los miembros, confederaciones, clubes, oficiales y jugadores. Toda persona y organización participante en el deportedel fútbol está obligada a observar los Estatutos, los reglamentos y los principios de la deportividad (fair play); b) en la sociedad, con una finalidad humanitaria".


¿Y Condorito?
Bueno, igual no puedo dejar de mencionar al ídolo de los niños de mi generación. Desde que Pepo (René Ríos. 15/12/1911-14/07/2000) lo creó en 1949 para la revista Okey, como reacción a una cómic de Disney llamado "Saludos Amigos" donde Chile se veía mal representado por un avión que apenas y podía alzar vuelo, se convirtió en parte de la cultura popular chilena y sudamericana, e incluso en su país tiene monumentos del tipo que nosotros los peruanos andamos haciendo a nuestros héroes. Como este monumento en Santiago de Chile.

Nuestro héroe (el que no tiene mayor monumento que todas las fotos de las agencias internacionales) le dijo a Las Ultimas Noticias, que "los policías canadienses me trataron como un pajarraco". Christian Miranda es un chileno de 33 años que llegó a Canadá a hacer un curso de efectos especiales para el que diseñó el famoso disfraz. Es el mismo disfraz con el que luego intentó hacer teatro para niños violando el Copyright y que estuvo en el encuentro ante los nigerianos por cuartos de final del torneo, en Montreal. Al término del partido, Miranda invadió el campo y se fue detenido. Ahora amenaza que no sólo estará Condorito (cuya cabeza fue entregada a su esposa por la policía), sino que diseñará disfraces con todos los personajes de la tira cómica.



"Salté dos rejas y entré para demostrar que todo lo que estaba pasando no era justo. Y como no había ningún guardia, corrí y corrí con mis patas de goma hasta que un par de jetones se me tiró encima (...) Cuando me llevaban, mi esposa Carolina le gritó a uno de seguridad que le pasar la cabeza. 'Esa cabeza es de mi marido, la necesito de vuelta', le decía, pero el muy saco de plomo la uqería botar a la basura, porque, según él, todo lo que caía a la cancha era deshecho. Mi señora le dijo que se la tenía que devolver y como media hora se la pasaron. Estaba un póco descascarada y con hoyos".


Imagino lo surrealista de la situación, y a Miranda preguntándose por el hilo
telefónico (con un periodista chileno muerto de risa al otro lado): "Cuándo
Condorito va a disfrutar del mundial de Canadá". ¡Plop!

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Toda casa debe tener un perro. Me lo enseñó papá.

Papá no decía eso. Yo lo invertí. El decía que todo perro debe tener una casa y vivir en una. No en un depa. Yo vivo en un depa, no soy perro. En fin, hace unos días me enteré que a mamá le regalarán un perro por su cumpleaños. Uno de esos arrugados, chiquitos y ociosos. No entiendo cómo papá no se ha negado, pero seguro tiene que ver con que los años han pasado y con que ya no tienen más hijos que cuidar. El asunto es que, a partir del 12 de agosto, mi casa tendrá perro nuevo.

Lo admito. Siempre quise uno. Hasta que nací yo y mientras vivíamos en Arequipa, había un pastor alemán cruzado con no-sé-qué que se llamaba Rintintín. Un día, alguien descubrió que era hembra y la rebautizaron. Pobre. Imagino que fue casi una operación de cambio de sexo asumir su nuevo rol en la vida de mi casa, considerando que para entonces el único hombre en casa era papá. Nací yo, nos mudamos a Chiclayo, y Rintintín-Rintina se quedó en algún lugar de Arequipa, desapareciendo en el olvido. Al menos eso dice la versión oficial de mamá.

Volviendo a lo del perro, no sé que tanto altere mi vida andar haciéndola de nana mientras mamá no esté con esa criaturita arrugada de raza Pug (Carlino, en buen castizo). Lo cierto es que toda casa nueva, incluyendo esta, necesita un perro (aunque sólo se trate de un departamento). Chequeando la joyita cuya caca tendré que limpiar, me queda en claro dos cosas: Que el perro ilustre tiene un árbol genealógico mejor que el mío y que por eso mismo debe ser más ocioso que yo.

Wikipedia mediante, resulta que Josefina Bonaparte (esposa de Napoleón, no de Chaparrón) tenía uno de éstos. Se llamaba Fortuna y la doña lo usaba para enviarle mensajes secretos cuando andaban "en afanes" (en correcto peruviano). Lo quería tanto que en su noche de bodas el buen Napo se negó a que el perro de marras durmiera con ellos, por lo que recibió una mordida del susodicho y una amenaza de la Jose ("¡Si no duerme en nuestra cama, tampoco lo haré yo!"), que dejó bien sentado que le Petit Corporal no era quien llevaba los galones en su lecho. Lo único que pudo salvar su honor es que, al final, el perro del cheff de palacio fue el que le dio curso a la pobre Fortuna, que no tuvo tal. Y Napoleón Bonaparte pudo dormir en paz. En fin, no es el único que se paseó en un palacio. La reina victoria tuvo uno. Era de color negro, color que ya fue descontinuado a fines del siglo XIX.

No sólo el buen Frank de Men in Black (ver foto) se cuenta entre los Pug ilustres. Según dicen a William de Orange lo salvó su Carlino cuando, durante su campaña contra los españoles el animal (me refiero al perro) lo despertó mientras unos asesinos estaban afuera de su tienda dispuestos a hacer su trabajo. Por cierto, el perro se llamaba Pompey.

Resulta que los Pug son salvavidas. Hoy necesitaba escribir y no sabía acerca de qué resulta que ese Pug al que no hemos bautizado aún me ha salvado la vida.

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Citas Citables

  • "¿Sabes cómo matar a un cerdo? Lo haces correr hasta que no da más y luego le echas un balde de agua helada. Entonces, se le para el corazón" (Paskín)
  • "Yo sí creo en la vida después de La Patrona, solo que creo en ella con la misma certeza con la que creo que existe vida en otro planeta..." (Prakzis)
  • "Lo de estar jodido es natural, es como la depre, es solo el nombre comercial de la consciencia" (Carlos V.)
  • "Tómalo por el lado B" (Gi)
  • "¡Scheiße!" (Carmen K.)

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