Es inhumano dispararle a un cadáver

No conozco a doña Alejandrina Camacho del Corral. Nunca le ví la cara. Sólo sé que se apellida igual que un amigo mío y apenas pude ver la talla treinta y cinco de sus pies descalzos envueltos en pantymedias de nylon. Nunca conocí su rostro. Pero imagino que tiene el cabello cano que corresponde a sus setenta y siete años. No sé si vive en Miraflores, si tiene familia, o si vive tan sola como cuando empezó a cruzar la avenida Diagonal, desde el parque Kennedy hacia el Cine Pacífico. Conozco la dirección de su caminata, pero no hacia dónde iba.

A la 1:30 p.m. del jueves 22 de noviembre, Alejandrina se cruzó conmigo. Cincuenta minutos antes, una coaster placa UQ-8905, conducida por Wilber Chávez Sandoval, la había dejado tendida en el pavimento. Según los testigos, su agonía duró dos minutos exactos. El chofer del vehículo que la atropelló, aceleró sin ver a una anciana que cruzaba con pasos cortos y lentos porque intentaba ganarle pasajeros a otro que cubre la misma ruta todos los días. La ruta de esa unidad pasa por San Marcos, la misma universidad donde estudié.

No estábamos en San Marcos, en el límite de Cercado de Lima y el Callao. Estábamos a poco más de nueve kilómetros de ahí, en pleno centro de Miraflores, el distrito limeño que inició siendo un balneario fuera de Lima y ahora es una zona residencial, dentro del casco urbano de la capital peruana, donde al día circulan más de ciento treinta líneas de transporte público. Cada una de las rutas debe tener al menos veinte unidades, lo que da un total de más de 2 mil 600 buses, coasters y combis recorriendo dicha jurisdicción las veinticuatro horas del día, en los estimados más modestos. Estoy en Miraflores, Wilber Chávez Sandoval acababa de atropellar a Alejandrina Camacho del Corral. Yo soy un bachiller en periodismo que espera conseguir su licenciatura y que se acaba de cruzar con el primer muerto de su vida.

"Un periodista es periodista las veinticuatro horas del día". Lo recordé cuando caminaba por el medio de una avenida Diagonal en la que no pasaban autos. El tráfico estaba cortado, según yo, por la construcción de un estrado donde al día siguiente habría un festival por el Día Mundial de la Música. Era la 1:30 p.m. cuando me crucé con Alejandrina y mi cámara empezó a trabajar. Casi al instante conseguí toda la información que pude y envié, en mi día de descanso del diario deportivo donde trabajo, un despacho detallado a los periodistas de policiales que alimentan a los tres medios no deportivos de Epensa, la empresa periodística donde trabajo.

No recuerdo cuántas fotos tomé. Recuerdo el vestido azul con vivos celestes, las pantymedias marrones. Tengo en mi cabeza el color rojo de la sangre y cómo esta se sedimentaba dejando el plasma separado de los glóbulos rojos. Recuerdo la adrenalina recorriendo mi sistema y cómo nunca tuve remordimiento. En mi cabeza retumban las palabras de José Ortiz (31), que salió a comer en el momento del atropello y un cuarto de hora después regresó diciendo que los efectivos de Serenazgo de la municipalidad no ayudaron a Alejandrina durante los quince minutos que duró su agonía. Yemerson Rengifo, un hombre de cuarenta y nueve años que se gana la vida lavando autos los desmintió. "Ahora la gente habla huevadas". Me tranquilizó: Todos los cambistas de dólares de esa calle me recuerdan que fue Yemerson quien vió con sus propios ojos, cansados por el sol de mediodía, el accidente completo.

El alcalde de Miraflores llega. Manuel Masías fue elegido luego que venciera en elecciones a su antecesor, Fernando Andrade. El argumento de campaña de Andrade era la continuación de la obra de su hermano Alberto: el ordenamiento de Miraflores y bastante seguridad ciudadana, matizado con obras cumbres como la remodelaciòn del puente Villena para quitarle el estigma del paraíso de los suicidas. Nada con el tráfico ni las combis. Masías aparece en medio de los quince semáforos del cruce donde falleció Alejandrina. Dice que tiene un proyecto para reducir el número de combis. Una chica le pide que la silueta de Alejandrina sea marcada con pintura blanca para que haya un recuerdo. El dice que lo tomará en cuenta. Yo sigo tomando fotos y sigo apuntando cada palabra.

A medio día no hay sombra. Lo recuerdo muy bien, pero no recuerdo cuántas fotos tomé. Recuerdo mucho aquella donde un policía descubre los pies de Alejandrina. En la espalda del chaleco del policía dice "Lima, ciudad segura". Es el sarcasmo andante. Es el mismo que minutos antes casi me bota porque pensaba que no era periodista y que de cuando en cuando descubre el cuerpo cuando las cámaras están estratégicamente colocadas. Recuerdo todo. Lo único que no recuerdo es aquella por la que no pude disparar: Ante la señal de un camarógrafo de América TV, un policía le descubre el rostro. Yo estaba en mala posición y, si fuera un fotógrafo de policiales, debía correr unos diez metros para ubicarme y disparar. Preferí caminar lento. Es inhumano dispararle a un cadáver y es más inhumano aún mirarle a los ojos mientras lo haces. No pude hacerlo. No conozco a Alejandrina y supongo que es un mecanismo de defensa no querer conocerla. Preferí dejarle ese trabajo a un fotógrafo como Erick.

- ¿Tú no eres de los que les descubre el rostro para tomar la foto? -le pregunté. Erick cerró sus ojos verdes y movió la cabeza de lado a lado. Luego hizo un gesto de fastidio.
- Estoy tratando de que no salga la sangre.

8 cerebros dicen:

[aN] dijo...
23 de noviembre de 2007, 11:58  

Lo vi hoy en las noticas. Me dio mucha pena...
A mi me jode, realmente me jode, que en los diarios publiquen fotos de cadáveres, me parece demasiado morboso.

Angel Hugo dijo...
23 de noviembre de 2007, 12:20  

Jode, duele. Se mezclan muchas cosas y al final uno no sabe si es más humano por no tomar la foto de su rostro o es mucho menos persona por haber tomado otras varias en las que sólo se ve la sangre. Algo más se murió cuando disparé.

Gracias por el comment. Es el primero que apruebo luego d eponer la opción de moderación, y es el segundo que no viene de algún amig@ mí@.

Minuto 91 dijo...
23 de noviembre de 2007, 14:20  

La muerte pueder tomada como el punto final de una historia, en el caso de los periodistas de policiales es el inicio de un flashback en la vida de un tercero cuyo andar fue cortado de golpe. Me imagino que debe ser terrible tener esa imagen clavada en tu retina.

Lia dijo...
23 de noviembre de 2007, 17:41  

Me ha impactado tu relato, apenas salieron noticias en la televisión sobre este atropello. Yo vivo a 2 cuadras de ese sitio, salgo todos los días a caminar pasando por el Parque Central de Miraflores, es terrible el tráfico acá en el centro de Miraflores, hoy si caminé por el parque, siempre veo caras conocidas de las señoras que casi todos los días caminan por esa ruta, hoy vi caras llorosas, me imagino que la conocían. Yo me pregunto si habré conocido a doña Alejandrina? Ayer tuve que hacer otros asuntos y por eso no hice mi caminata diaria. Alejandrina DESCANSA EN PAZ!!!
Mi blog no tiene moderación.

Angel Hugo dijo...
23 de noviembre de 2007, 19:53  

Lo que quieras, Fio, pero estar ahí es una buena mierda, como digo yo con el perdón que me otorga la blogósfera. Y por lo que dice Lia, es cierto. Uno nunca sabe la historia de alguien con quien se cruza todos los días en la calle.

helga dijo...
24 de noviembre de 2007, 14:12  

Suele suceder que los periodistas no conozcan a las personas sobre quienes escriben, sobre todo en casos de este tipo. Es lamentable que en una ciudad como esta siga reinando la inseguridad y la irresponsabilidad. Ya no sorprende que a diario mueran personas a causa de irresponsables conductores que valoran más un sol que la vida de las personas.
Imágenes como esa son las que muchas veces se quedan grabadas en las personas que las observan, y sólo dejan rabia e impotencia.

Diego Grimaldo dijo...
25 de noviembre de 2007, 20:19  

Vaya uno a saber por donde te marcará una combi asesina o simplemente un conductor irresponsable, pero bueno, igual tenemos que salir a la calle a vivir, periodistas, carpinteros, serruchos, peloteros... todos, no? así que lo mejor es ir por ahi mirando de un lado a otro, por si las moscas, aunque claro, una soberana mela tener que andar con el estrés en la frente, pero es preferible eso a terminar muerto sobre la pista.
Y eso de si es inhumano o no, lo mismo me pregunté cuando cubri lo de la marcha hacia "El ojo que llora", te acuerdas? Pucha, ver a toda esa gente llorando por sus desaparecidos y asesinados, y tener que preguntarles "cómo", "cuándo", "dónde", etc... y los fotógrafos y camarógrafos tomando lágrimas... cosas del Orinoco.

Hans Plass dijo...
27 de diciembre de 2010, 10:36  

Gracias, Angel Hugo,
por haber hecho pública esta tragedia para un debido conocimiento general y gracias también, por el respeto humano de "no disparar sobre un cadáver". Alejandrina del Corral Camacho (los apellidos van en ese orden) era una querida tía de mi esposa.

Citas Citables

  • "¿Sabes cómo matar a un cerdo? Lo haces correr hasta que no da más y luego le echas un balde de agua helada. Entonces, se le para el corazón" (Paskín)
  • "Yo sí creo en la vida después de La Patrona, solo que creo en ella con la misma certeza con la que creo que existe vida en otro planeta..." (Prakzis)
  • "Lo de estar jodido es natural, es como la depre, es solo el nombre comercial de la consciencia" (Carlos V.)
  • "Tómalo por el lado B" (Gi)
  • "¡Scheiße!" (Carmen K.)

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