Tres historias del Bronx

“Te voy a decir algo. Tú solo tienes permitidas tres grandes mujeres en tu vida. Ellas llegan como los grandes luchadores, una vez cada diez años: Rocky Marciano, Sugar Ray Robinson, Joe Louis. A veces las tienes todas a la vez”
Sonny, en Una historia del Bronx (A Bronx Tale). 1993

La primera, casualmente, también se llama C. Teníamos 15 y jugamos a ser novios en la sala de su casa, donde nunca nos encontraron haciendo el amor. Hice que me dejara mientras yo me encontraba de viaje y me terminó en una llamada, un 14 de febrero, solo para que suene huachafo cuando lo cuente. Aquel día yo estaba ebrio luego de haberme tomado un tequila y el único testigo de mi primer corazón roto fue un teléfono público. Con ella aprendí a no ser nunca como su padre.

La segunda se llama B. Me enseñó a bailar y comer en sitios caros, a vestir camisas y a regalar rosas compradas en florería. También aprendí que uno debe conocerse. A sus 24, ella quería rebelarse a su familia estando con un chico cuatro años y medio menor, y yo le dije que estaba dispuesto a no enamorarme para que cumpliera su cometido. Me equivoqué. Me dejó y le debo haber dicho cosas horribles cuando lo hizo. Tantas, que no la he vuelto a ver.

Miento. La tuve cerca una vez. En ese entonces estaba con L. –cuya inicial verdadera no pienso citar– y fuimos a una discoteca. De pronto, llegó B. Yo le había contado la historia a mi novia de ese entonces y su reacción fue alucinante: Me tomó de la mano, me llevó a bailar cerca de B. y su nuevo novio. Y me besó con toda la ternura con la que puede hacerlo una cazafantasmas. Nunca le vi la cara a B. y no me importa si ella me vio. Solo quería que el tiempo se congelara en la sonrisa de L.

La sonrisa de L. se congeló. Poco a poco se fue volviendo fría y no hice lo mínimo indispensable para calentarla. El jueves anterior al 12 de octubre del 2007, en una calle de San Borja, me dijo adiós sin que yo atinara a pedirle que se quede. Y ese fue mi error.

Nunca más le he vuelto a contar cuentos a nadie en un parque. No he vuelto a recorrer medio Lima en tiempo récord. No he huido de ladrones aferrado a la mano de alguien a quien quería proteger. He dejado de escribir cuentos con dedicatoria que algún día serán un libro. Y no he vuelto a disfrazarme de payaso para mi sobrina mientras pensaba que la función era para dos. Con ella aprendí a pensar de a dos, aunque a ratos olvidé cómo.

Lo curioso es que los caminos de L. y el mío se cruzan todo el tiempo. No sé si es porque cuando uno quiere a alguien, un ente supranacional hace que esas personas estén cerca. O si solo es que nuestros intereses siempre han sido los mismos. Algunos me dicen que la odie, otro que la deje en paz. Unos pocos hombres del Ángel Gris me piden que siga luchando, no porque el que persigue alcanza, sino porque cerca de ella es la única forma en que yo sea el tipazo que soy. Quizás ya pasaron las tres de las que le habla Sonny al joven C. Solo tengo 25, y una afirmación así da miedo.

**************

PS: De las tres, solo L. pasó a la primera (en un taxi y no en un auto que no tengo) la Prueba de la Puerta, que Sonny también dio a conocer a C. (Callogero, para su padre). Aquí la transcripción.

- Hazle mi prueba, la Prueba de la Puerta –le dijo Sonny a C.

- ¿Qué es eso? –preguntó Callogero

- Escúchame: Llegas a recogerla. Antes de salir del auto asegura ambas puertas. Sales del auto, caminas hacia ella. La llevas al carro. Tomas la llave y abres la puerta para ella. La haces entrar y cierras la puerta. Caminas detrás del auto y miras detrás de la ventana trasera. Si ella no se estira y quita el seguro para que tú puedas entrar, déjala.

- ¿Así nada más?

- Escúchame muchacho. Si ella no se estira y levanta el seguro para ti… Es porque ella solo piensa en sí misma y todo lo que estás viendo es la punta del iceberg. Déjala rápido.

- ¿Y qué hay de todas las cosas bellas que acabas de decirme sobre hacer lo que mi corazón me diga, encontrar a alguien que ponga viento en mis velas? Ella podría ser una de las grandes.

- Tonterías chico, lo que importa es la prueba de la puerta.

La Prueba de la Puerta, según Sonny, está en los últimos tres minutos de este video.

1 cerebros dicen:

Gi dijo...
20 de junio de 2009, 19:41  

Hasta ahora no me estiro para levantar el seguro de la puerta del carro a nadie..
Eso quiere decir que aun pienso solo en mi.. =(
oie .. escribe mas pues!
pero sin letras!!! jaja
besos!

Citas Citables

  • "¿Sabes cómo matar a un cerdo? Lo haces correr hasta que no da más y luego le echas un balde de agua helada. Entonces, se le para el corazón" (Paskín)
  • "Yo sí creo en la vida después de La Patrona, solo que creo en ella con la misma certeza con la que creo que existe vida en otro planeta..." (Prakzis)
  • "Lo de estar jodido es natural, es como la depre, es solo el nombre comercial de la consciencia" (Carlos V.)
  • "Tómalo por el lado B" (Gi)
  • "¡Scheiße!" (Carmen K.)

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