En invierno es mejor un cuento triste

Hoy es día para un post triste. Intenté besar a mi ex y me rechazó. A veces pienso que a ellas les gustan los tipos malos. Especialmente los tipos que se acercan sigilosos con cara de buena gente y les rompen el corazón. Esos que terminan siendo sus amigos porque ya cumplieron la meta y se fueron. Lo siento, soy un corazón roto. Un corazón inerme que se ha ido a la mierda. Bonito, de a poquitos y con dolor, como debe de ser. Porque siempre me han gustado las cosas que son como deben ser. Como antaño, porque me imagino a los abuelos afanándose. Así que creo que es la hora de terminar contando la historia calata, sin ropa interior. Nomás porque estoy deprimido, y siempre es bueno echarle la culpa a una enfermedad, aunque este no sea el caso.

Kathy y yo nos conocimos en la universidad. Nacional, Mayor, de San Marcos y eso. Bailamos cheek-to-cheek (como dijo Telmo) una salsa preciosa y atorrante. La miraba con ojos raros, lo sé. Con mis ojos de mirada profunda, como decía una amiga mía, a la que no puedo recurrir a estas horas. No pasó nada aquella vez.

Años después robé vilmente su celular. Le dije a una amiga suya que llamara del mío y luego, con el teléfono de mi antigua chamba, hablamos durante horas. Mi jefe me dijo que tenía consumidos más de mil minutos al mes y que podía botarme. No me importó. Le dije, olímpicamente, que soy bueno en lo que hago y que no me joda. Jorge entendió. El día que me lo dijo, comiendo un caldo de gallina en una esquina de Canadá, me dijo que viviera, y que si era con ella, mejor. Ese día lo bauticé como mi padre (putativo, of course).

Esta es una declaración de principios. Ámala sobre todas las cosas. No tomes su nombre en vano. Santificarás sus fiestas (o días gratos). Desde que salimos, un tarde del 25 de junio del 2006, hasta que terminamos, el jueves antes del 12 de setiembre del 2007, quisimos ser felices.

El 12 de setiembre del 2007, en un ataque hedonista, fumé una buena marihuana y me hizo ver colores en mi vómito. Desde ahí, he vagado entre mujeres de sonrisa fácil y corazón roto. He viajado (o huido) buscando a mi abuelo y a mí mismo. No los encontré, sino detrás de sus ojos color pepita de níspero. He querido pensar que las historias de las comedias románticas de Tom Hanks no son ficción y que algún día haré una locura lo suficientemente grande para que vuelva. No se puede. Ella está lo suficientemente loca para que cada una de las cosas que haga le parezcan locuras tristes de un tipo triste. Y sí, lo soy.

Estoy triste porque hoy hice el último gran intento. Portarme como uno de esos patanes que le rompieron el corazón (incluyendo los últimos dos, que ella no sabe que yo sabía… en realidad no supe, sino que lo sentí). No pude. Casi, casi, le pedí permiso. Lo sé, soy un huevón. Hoy, no sé qué pase.

Hoy no sé qué pase porque es la primera vez que admito en público que hay cosas que no hemos terminado. Que hay cosas que no debo contar aunque por un ratos diga que prefiero la verdad calata, sin ataduras. Que no funcionó el consejo de los amigos (sus amigos, que aún me quieren de cuñado) de forzar las cosas. Porque en eso sí soy débil. En ella.

Con ella, en cambio, era(mos) fuerte(s), pero eso es otra historia. A veces, en invierno, es mejor un cuento triste. Y aún no llegamos a primavera.

PS: No le he hecho ping a mis auspiciadores. Es mejor que el pueblo no me vea tan vulnerable.

La canción que escucho justo ahora.

3 cerebros dicen:

Flor de Espanha dijo...
4 de septiembre de 2009, 12:35  

Siempre pensé que hay que enfrentar la vida con la mejor sonrisa aunque los cuentos de invierno sean (deban ser en la mayoría de los casos) tristes. Pero cuando la realidad, o el invierno, te da un golpe en la cara únicamente queda refugiarse en la valentía que implica usar todas las armas que uno posee para el enfrentamiento...
Digamos huevón, o digamos valiente, para los fines del cuento es indistinto, para las historias venideras será otro adjetivo pues las armas serán otras.
Enfrentarse con valentía a la vida y recibir las cachetadas de la puta realidad es cosa de gente extraordinaria. Agotar todas las opciones posibles y luego pensar en las imposibles es cosa de gente imprescindible.
Cada quien arma su cuento, los finales felices dependen de la dialéctica de dos sonrisas... no hay huevones, no hay heróes, no hay fábulas de invierno.
Sea feliz sin remordimiento, agote todas las armas sin remordimiento, enfrente la vida sabiendo que se entregó al máximo. El punto final lo coloca usté.

Diego Grimaldo Giraldo dijo...
16 de septiembre de 2009, 09:31  

Sabes, para variar: uno no sabe como va a reaccionar un tercero porque es
precisamente eso: una persona ajena a nosotros, con sus propios limites,
problemas, gracias, gustos, etc... es decir un mundo... imaginate, apenas y
podemos llegar a la luna... por el momento no hay forma de llegar, digamos, a
marte o a jupiter... jajajaja... encima aqui mismo estamos tratando de poner
orden. No se si entiendes lo que acabo de poner y si no, pues al menos espero
que te hayas reido un rato.

Ángel Hugo dijo...
16 de septiembre de 2009, 20:24  

Como siempre, buen gato, eres la voz de la razón a la que nunca le hago caso.

Citas Citables

  • "¿Sabes cómo matar a un cerdo? Lo haces correr hasta que no da más y luego le echas un balde de agua helada. Entonces, se le para el corazón" (Paskín)
  • "Yo sí creo en la vida después de La Patrona, solo que creo en ella con la misma certeza con la que creo que existe vida en otro planeta..." (Prakzis)
  • "Lo de estar jodido es natural, es como la depre, es solo el nombre comercial de la consciencia" (Carlos V.)
  • "Tómalo por el lado B" (Gi)
  • "¡Scheiße!" (Carmen K.)

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