Son casi las 4:30 p.m. de Viernes Santo y hoy, como otros días, pienso que a la medianoche de Berlín te conectarás para alegrarme el día. Lo necesito para rumiar mi tristeza contigo y olvidarme que es solo mía. A veces, cuando estoy azul, recuerdo tus ojos grises que cambian de color. Curiosamente, cuando se tornan azules (mi color triste), tú estás feliz, y aunque solo los he visto así una vez, es suficiente para recordarme que durante la luna llena se puede estar feliz. Todavía veo, de vez en cuando, nuestras fotos. El subject de ese email dice: “Fotos de los amigos que nos extrañamos entre nosotros”. Como siempre, tu imagen captada en video o fotografías no te hace justicia. Es como si fueras otra, como los vampiros, cuyas almas, de verdad, no pueden ser captadas. Claro, lo olvidaba. Eres rumana, nacida en Transilvania. Aunque tú me digas, molesta, que es invento gringo y que tu padre no te contaba cuentos derivados de la novela de Bram Stoker, sino historias de la Segunda Gran Guerra. Aún así, hay vampiros en todas partes, y tú no sueles dormir de noche, porque alguien también te ha robado el alma.
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