Mi buena estrella

Mi buena estrella me dijo, con el ceño fruncido y ganas de cachetearme, que soy un tipo triste al que le gusta revolcarse en su tristeza quién sabe para qué. Y después de ese día en que se fue por un ratito terrible, mi buena estrella volvió y no quiero que se vaya de nuevo.

Hoy, por ejemplo, tomé un taxi en las calles de Magdalena –un distrito en el que siempre quisiera vivir por las noches– y le pedí al taxista que me lleve a mi casa previo paso por un cajero dónde sacar plata para pagarle. “Su transacción ha sido cancelada. Por favor, retire la tarjeta”, me dijo en dos estaciones de servicio el aparatito de marras ese, sin darme ni un billete. Era la 1:30 de la mañana, tenía 30 centavos en el bolsillo y compré una bebida con mi tarjeta solo para saber si el problema era que esta había sido inexplicablemente bloqueada. No era así, pero igual el chofer se negó a llevarme hasta mi hogar, esperar a que tocara el timbre y bajara con el dinero: “¿Es edificio? No, ahí no acepto. Ya me la han hecho muchas veces”. Incluso se rehusó a aceptar la oferta inigualable de comprar productos en la tienda, con mi tarjeta, por el doble del valor que me iba a cobrar.

Me dejó varado, a ocho cuadras de la buena estrella y a miles de mi casa, que empecé a caminar porque tengo cosas pendientes que hacer en mi hogar y no en el suyo. De pronto, un milagro: una combi –uno de esos detestables vehículos de transporte público en el que todo peruano promedio como yo viaja apretado– paró y el cobrador me quedó mirando. “Te pago con esto hasta Guardia Civil”, dije mostrando la botella aún sin abrir para que abriera la puerta. Y la abrió.

Hace muchos años una mujer que no he vuelto a ver me dijo que no debería abusar de mi buena estrella. Me lo dijo un día, en que aparecí en su casa diez minutos después de haberme ido. Salí de ese lugar en el reino de “Muy Muy Lejano”, con una moneda en el bolsillo, con la intención de caminar un kilómetro hasta un paradero de autobuses y esperando a que aún pasara el que me llevaba a mi hogar. A mitad de camino, un auto pasó a mi lado y el copiloto me hizo un gesto ofensivo. Yo mascullé un par de insultos irreproducibles hasta para un tipo procaz como yo y el Toyota blanco se detuvo. Pensé que iba a bajar un tipo iracundo con muy buen oído dispuesto a pegarme un tiro, pero de pronto empecé a escuchar voces conocidas que se preguntaban entre ellas si el tipo que estaba parado al lado del camino era de verdad yo. Ellos, viejos amigos a los que adoro, me rescataron, me llevaron a comprar licor, a recoger a aquella mujer, beber en un parque, dejarla en su casa y luego, me dejaron en la mía.

Creo que esa mujer de mil años atrás tuvo razón en muchas cosas que me dijo, pero que en la que más acertó fue en eso de no abusar de mi buena estrella. Peor aún ahora que la he encontrado y no quiero dejarla ir. Por eso ahora solo soy un tipo feliz que quiere escribir(le) bonito a una luz que brilla en el cielo, a medianoche.

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Citas Citables

  • "¿Sabes cómo matar a un cerdo? Lo haces correr hasta que no da más y luego le echas un balde de agua helada. Entonces, se le para el corazón" (Paskín)
  • "Yo sí creo en la vida después de La Patrona, solo que creo en ella con la misma certeza con la que creo que existe vida en otro planeta..." (Prakzis)
  • "Lo de estar jodido es natural, es como la depre, es solo el nombre comercial de la consciencia" (Carlos V.)
  • "Tómalo por el lado B" (Gi)
  • "¡Scheiße!" (Carmen K.)

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