Homenaje a San Martín

Tengo un ‘feeling’ especial con Martín Palermo. Es una cosa rara porque no me gusta escribir de fútbol en mi blog y no lo he hecho, ni siquiera, por el Diego (del que si me pondría a escribir tanto como hablo de él tendríamos una bitácora nueva llamada “Hipoteca Maradona”, o algo así). Pero Palermo es otra cosa.

Debe ser que me identifico con esos tipos que juegan hasta lesionados. Que a su edad, con las rodillas destrozadas, con 1.500 cicatrices en el cuerpo y en el alma, aún tienen un pedacito de cielo para repartirle a la gente. Debe ser porque quisiera llegar a viejo como él, que solo tiene 37 años pero que en su deporte es casi como ser un jubilado.

Quizás es porque yo también tengo las rodillas destrozadas, o porque cada año sumo una herida nueva al alma. O porque todavía tengo un pedacito de cielo guardado por ahí para regalar, aunque esté medio nublado y sin estrellas fugaces como las de hoy.

Los argentinos –siempre de ambiciones desmedidas– hablan de la película de Palermo como si esperaran que alguien en Hollywood fuera a comprar los derechos para llevar al cine esa historia extraña. Yo, de ambiciones más modestas, prefiero escribirle un cuento (o algo así).

 

En la tercera bandeja de la popular de La Bombonera conviven los jóvenes que no tienen dinero y los extranjeros que han sido estafados pagando el triple del precio por una entrada con la que ves el sueño de lejos. Gente que calienta la garganta mientras se congela por el viento helado de una ciudad que, irónicamente, se llama Buenos Aires. En la baranda que separa a los hinchas del vacío se ubican los entusiastas, los que cantan, los que se aprenden las letras de las barras de un equipo --que curiosamente se parecen a las que se cantan en mi país de origen, porque somos copiones y porque ese deporte que se juega abajo es igualito en todos lados--. Ahí, de pie, le he preguntado a un chico en sus veintitantos si es verdad que La Bombonera tiembla. Cuando termino de formular mi pregunta, Román suelta un balón como quien le da un hijo a un amigo para que lo cuide. Despacito, con cariño, casi una sutileza, porque entregar lo que más quieres en este mundo a otro debe ser un acto sutil y de confianza ciega. Y Martín le devuelve el gesto con un cariño, que los periodistas decían que no existía, con un toque de zurda, una red y un abrazo. Y luego de que yo me abrazo con ese pibe él me contesta: “Te decía, bolú, no tiembla, late”. Y yo sentía cómo un solo hombre provocaba un terremoto. Luego me di cuenta por qué le dicen Titán.

 

 

Este es aquel gol

 

Y este es su gol 300, anotado hace apenas unas horas

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Citas Citables

  • "¿Sabes cómo matar a un cerdo? Lo haces correr hasta que no da más y luego le echas un balde de agua helada. Entonces, se le para el corazón" (Paskín)
  • "Yo sí creo en la vida después de La Patrona, solo que creo en ella con la misma certeza con la que creo que existe vida en otro planeta..." (Prakzis)
  • "Lo de estar jodido es natural, es como la depre, es solo el nombre comercial de la consciencia" (Carlos V.)
  • "Tómalo por el lado B" (Gi)
  • "¡Scheiße!" (Carmen K.)

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