Mostrando las entradas con la etiqueta Víctimas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Víctimas. Mostrar todas las entradas

Una vez me sentí Beckenbauer

La imagen es de un VHS viejo, que hoy debe estar enmohecido en una de las tantas cajas llenas de cachivaches que mamá guarda en la casa. Ahí, al costado del tocadiscos que saco de cuando en vez para escuchar Sinfonía Inconclusa en la Mar, Piero. El video, que me regaló papá, dice en la tapa “The World Greatest Players”, o algo así. Y chiquita, a un costado de la imagen detestable de Pelé saltando, aparece un gringo con cara de buena gente. Esa es la imagen que recuerdo con más cariño de un fútbol que no he visto en esta vida.

medium_foto_100_beckenbauer.3

En la semifinal de México ’70, ese Mundial que todo el mundo recuerda por míster Do Nascimento y nuestros futbolistas viejos, Franz Beckenbauer se dislocó el hombro derecho y jugó así los tiempos suplementarios del partido que su selección perdió 4-3 con Italia: con el brazo en cabestrillo, vendado, aferrándose con la mano de su extremidad lastimada a su corazón, para que no quepa duda. Y así, perdió.
Solo una vez me sentí cerquita a esos jugadores elegidos. No me refiero a lo que sucedió en mayo, cuando mi clavícula izquierda se salió de su lugar en medio de una noche en que me sentí un arquero suicida: “Hace poco, cosa de cinco meses, se convirtió en un joven futbolista retirado: saltó para despejar una pelota y un tipo de 150 kilos le cayó encima. Se rompió el hombro y el brazo izquierdo”, así lo narró Villegas en un libro que pensamos publicar. Pero no hablo de ese día.

En realidad, me refiero a lo que sucedió en noviembre del 2000. Entonces jugaba vóley, no leía diarios deportivos y estaba en quinto de media. Era mi último año en la selección del cole y tenía una cinta en mi camiseta que indicaba que era el capitán de un equipo condenado a ganar un solo partido, como todos los años, contra el más débil del grupo.

No recuerdo el nombre del equipo con el que jugábamos. Por la camiseta amarilla y el tipo alto que asesinaba con sus mates, creo que era el Santa María, uno de esos colegios que se hacen clásicos rivales porque competíamos por mujeres y hombrtía, como animales salvajes dispuestos a marcar territorio.
La jugada precisa fue provocada por un mate de ese tipo del que solo recuerdo el metro noventa y seis. El balón lo recibió Óscar, uno de esos hermanos que no tengo y que por su contextura y andar se había ganado el mote de “cansado”. El balón salió disparado hasta una posición imposible y yo fui por él. Cuando estaba apunto de llegar, mi rodilla maltrecha golpeó la banca y escuché un ruido suave. Me cambiaron. Por mí ingresó César, y me pusieron éter mientras el gordo cumplía con su labor de futbolista de equipo chico: podíamos vencer a todo un equipo los dos solos en el entrenamiento, pero apenas se ponía la camiseta, le pesaba. Luego ingresé. Nunca lo dije, pero esa noche no pude dormir por el dolor y me dopé con antiinflamatorios hasta que mi rodilla regresó a su tamaño normal. Carlos, la única persona que conozco a la que no le importa lo que pueda pensar fue testigo presencial. Caí justo a un metro suyo.

–Puta madre, estuve a esto de llegar –le dije, separando mi índice y mi pulgar apenas un par de centímetros.
–No llegabas –replicó.
–Tenía que haberlo hecho.
–No tenías por qué hacerlo. Sabías que no ibas a llegar, pero yo sé que pensaste que si lo hacías nadie se iba a dar cuenta que jugabas con la rodilla lesionada desde antes. No puedes con tu ego, solo querías que dijeran que hiciste la salvada de la década. Eres un huevón.

Read More......

De luto...

A todos...

Somos los nietos, los hermanos, los sobrinos, el hijo de quien fue para nosotros algo más y distinto que una gran artista popular. Con ella compartimos la vida, las alegrías y las angustias privadas. Porque esa gran artista fue además nuestra abuela, nuestra hermana, nuestra tía, nuestra mamá. Es por eso que queremos llegar a ustedes desde ese lugar íntimo, lejos de la severidad y la dureza de los comunicados oficiales: porque sabemos que también la quisieron y la siguen queriendo aún mucho más allá de la cantante y de la artista que los acompañó tantas veces, a la que han hecho parte de su familia aún sin tener lazos de sangre.

Es desde este lugar que queremos contarles que Mercedes -la mamá, la tía, la abuela, la hermana-abandonó este mundo el día de hoy. Pero también queremos decirles que estuvo siempre acompañada-inclusive cuando ya no podía saberlo- por un desfile interminable de amigos y artistas populares, y en cada uno de ellos: Ustedes. Y que a pesar de lo triste de cualquier agonía, pasó esos últimos momentos en paz, peleando aguerridamente contra una muerte que terminó ganándole la pulseada.

Por cierto estamos conmovidos y queremos compartir con ustedes esta tristeza. Aunque, al mismo tiempo, nos queda la tranquilidad de que todos hicieron lo posible- incluida nuestra Negra- para quedarse un ratito más entre nosotros.

Lo que más feliz la hacía a Mercedes era cantar. Y seguramente ella hubiera querido cantarles también en este final. De modo que así queremos recordarla y así los invitamos a hacerlo con nosotros.

Infinitas gracias por ese acompañamiento que jamás dejó de estar presente.

Familia de Mercedes

Fuente: La web de la Negra


Read More......

Breve tratado sobre la depresión

"Bostezaste. Acabo de decirte algo interesante, así que no es aburrimiento. Son las once de la mañana, estás bebiendo café, así que no estás cansado. No bostecé, así que no es un bostezo inducido. Es un síntoma".
Gregory House

Soy depresivo. A veces soy también deprimente, pero eso no está en cuestión ahora. Me lo han diagnosticado y la prueba de ello es que estoy escribiendo mientras mil quinientas cosas pasan por mi cabeza. Pronto dejaré este post a medias y lo olvidaré un tiempo, hasta que sobrevenga otra de esas etapas maravillosas en las que uno es Superman. Dentro de poco pasaré mis dos días libres sin bañarme, en frente de la computadora, leyendo cualquier cosa o viendo una serie. Seguramente, volveré a abandonar mi tesis.

La depre es así. Te engaña como una mujer a la que le das todo y luego te deja porque no pudiste darle más. A una mujer le echaba las culpas de mi tristeza hace unos meses, cuando terminaba en un bar llorando en el hombro de un buen amigo. Eran las mismas lágrimas que derramaba antes, por otra chica, o quizás porque no me sentía lo suficientemente bueno en mi trabajo. O en los estudios. O whatever.

Mientras no estás deprimido (y no estás “nomal”), estás eufórico. Esa etapa me gusta. Usualmente tengo mil temas sobre los cuales escribir y no duermo más de dos horas al día. Las ideas sobre cada uno de los textos se agolpan en mi mente y he aprendido que todo se hace tan confuso que es imposible sacar una sola línea coherente.

Entonces retengo en mi mente cada una de esas ideas hasta que tienen que salir. Quizás es la capacidad que más he ejercitado, la única que puedo usar cuando sé que estoy feliz y que pronto empezaré a ponerme de un insoportable color azul.

Cuando me pongo azul me medico con cafeína. En realidad no lo supe hasta que entendí por qué el estado de cuenta de mi tarjeta de crédito empezaba a tener consumos cada vez más frecuentes en Starbucks en mis momentos tristes. O hasta que descubrí que la hierba mate no tiene cafeína, pero sí mateína, que es -en correcto peruano- la misma chola con diferente calzón.

En personas excesivamente melodramáticas, obsesivas y exageradas como yo (¿Se fijaron cómo exageré esto?), de vez en cuando sobreviene -como decían Pablo y Pachu- "la hecatombe". Usualmente cuando un café no es suficiente busco otras maneras de hacer que la adrenalina fluya. Lo que provoca una seguidilla de hechos bochornosos en los que intervienen no solo tú, sino cualquiera que ose ponerse en frente en medio de esa búsqueda de emociones.

Deprimido, he bebido en la absoluta soledad de un bar en Venezuela. Me he expuesto a que un ladrón peruano me pegue un tiro en una barriada en Mérida (posibilidad que no llegó a consumarse al reconocerme como connacional). he provocado que un amigo mío maneje, conmigo de copiloto, a 160 Km/h en la Vía Expresa. He gastado fortunas en llamadas de larga distancia. He echo un viaje no planeado buscando las raíces de mi depresión. Y un largo etcétera lleno de errores que me hacen deprimirme aún más cuando los recuerdo.

Hoy, por ejemplo, acabo de enterarme que Danica McKellar (la Winnie Cooper de Los Años Maravillosos) se ha casado. Alguien ha decidido así darle un golpe tan duro a mi euforia que me ha quitado las ganas de escribir. No tiene nada que ver con el niño que llevo dentro, sino con aquella vana nostalgia por los amores perdidos. Felizmente, estoy saliendo de mi casa para verme con Rudy, y seguir planeando un libro que no tiene cuándo salir, y la melancolía -para esas cosas- es necesaria.

A veces, cuando uno está deprimido, ni los consejos más sabios sirven (Pero cuando uno ve este video, le dan ganas de hacer pesas).

Para los depresivos, obsesivos, megalomaníacos y melodramáticos, una canción que me recuerda que a veces se puede salir de los momentos azules con un poquito de hipocresía.

¿Winnie Cooper, por qué te casaste?

Read More......

George of the Jungle

Tío George fue el primero que me enseñó el vicio de los videojuegos. Una de las contadas veces que he visto a mi padrino (guarapero, mujeriego y patadeperro) caminábamos por la residencial San Felipe y yo me quedé viendo una de aquellas maquinitas ‘coin-op’ con algún pésimo ‘shooter’ que entonces me parecía el mejor de los simuladores de vuelo.

El tipo enorme y fuerte, aunque delgado, me hizo entrar al local y, llegando en puntas de pie, pude jugar un rato. Luego vendrían las épocas de Street Fighter y sus secuelas, el reciente vicio de FIFA que disfruto junto a una cajetilla de cigarros algunas noches, cada vez más separadas una de la otra.

La última vez que lo vi él tenía un corte longitudinal a lo largo del abdomen y otro, en forma de arco que nacía en un costado del estómago, pasaba por debajo de su caja torácica siguiendo el diafragma y continuaba hasta terminar en el lado opuesto. Pesaba 45 kilos y luego de una complicada operación en el hospital María Auxiliadora, había sobrevivido de milagro al cáncer. Tiempo después de enteré que dijo lo siguiente:

“El doctor me ordenó que no coma helados. Yo pensé que era por lo frío, pero las chelas heladas pasan nomás”

Desde entonces no toma lácteos, lo han operado dos veces más (una del estómago y otra por un ‘lifting’ que acentuó su vanidad) y yo he aprendido a querer a mi padrino por ese cariño demente que le tengo a la gente libre. Sin embargo, su libertad (Aquí viene el momento en que alguien me dirá que no la confunda con libertinaje, pero es mi tío y prefiero pensarlo libre) lo ha llevado a caminos extremos.

Jorge, el que solo fuma cuando bebe o cuando viaja a Cusco para ver a Cienciano, dejó a su esposa en Quillabamba y se fue a Maranura, una ciudad vecina, donde le puso a su amante una tienda. Si la de mi tía Berna (horrorosa forma de nombrar a una mujer que se llama Sabina) tiene afuera un rótulo que dice “Mi Bodeguita”, la de la otra se llamaba “Su Bodeguita”. Luego, cuando los males lo aquejaron, dejó a su amante y regresó a su ciudad, y a su casa, pero en una habitación a treinta metros de la de su esposa.

George, de cariño, es el hijo mayor de mi abuelo. Dice Sabina Flores, su esposa, que ambos “son igualitos de pinta y de carácter”. Aunque ignoro si mi abuelo engañó a mi abuela, lo sospecho. El día que llegué, mi tío George entró al cuarto que me habían cedido. A pesar que había llegado tres horas antes y que lo busqué por toda esa ciudad chica no lo encontré pues se había pasado el día dando vueltas en el mismo auto que hace poco chocó y que le valió una pelea con dos mototaxistas. Usa lentes oscuros, para que no se le vean los moretones.

–Yo vivía en Canto Grande, por Acho –me dijo cuando finalmente pude hablar con él.

–¿Tu has vivido en Lima?

–Claro. Yo era muy andariego, conozco Lima, Huaral, Huacho, Paramonga, Huarmey, Supe. Todo eso.

–¿Y qué hacías ahí?

–Trabajando en lo que sea. Trabaje en el Ministerio de Salud. Era matarrata.

–¿Mararrata?

–Fumigador, pues. Al Banco de la Nación entré como cadenero, esos que cuidan las puertas, y ascendí hasta apoderado (N. de R: Eso sí no tengo idea qué cosa sea). Trabajé 39 años y 9 meses, ya después de mis aventuras.

–¿Y cómo te mandaste a mudar?

–No aguantaba, mi viejo era jodido. Me pegaba. Una vez había un mulo grandazo, tendría yo 13 años. Había un saco que pesaba un quintal, o sea unos cincuenta kilos, y quería que lo suba. Lo empujé de más, se cayó al otro lado y me metió una patada. Así era él, hasta que no aguanté más y agarré un camión. Me alojé en San Cosme, en el cerro El Pino, en Breña. Ahí chambeaba de jalapitas, en un ascensor. No me gustó y me fui a Puente Piedra. Tenía 17 años cuando me fui de la casa.

Esa conversación la registré con una grabadora encendida subrepticiamente y duró apenas media hora. Yo vestía los mismos jeans rotos con los que llegué a Quillabamba y que no me cambié hasta que llegó el momento de regresar a Cusco. Al día siguiente me llevó a una hacienda llamada Potrero, donde mi abuelo trabajó como capataz mucho tiempo después de vender sus tierras en Santos Aires. Me dijo, ese día, que extrañaba a su viejo, mientras yo jugaba con la escopeta que usa Jorge cuando va al monte, de cacería.

“Yo también”, le dije. No hablamos más. Al día siguiente, a las cinco de la mañana, tomé una combi asesina que llevaría mi rabia a su siguiente destino, con la convicción de que cuando uno busca encuentra muchas cosas. Incluso aquellas que no quiere saber. A pesar de todo, quiero mucho a George of the Jungle y a mi abuelo. Total, las andanzas de mi tío Jorge las conocí desde niño y no han cambiado la opinión que tengo de él, así que con mi abuelo pasa lo mismo. Todavía recuerdo a Jorge Pilares sonriendo, cuando pasé al segundo nivel de aquel videojuego viejo.

Recién me he dado cuenta que escribir me pone triste, que quizás he descubierto, como diría ;el buen Pedrito, que las fiestas de fin de año hacen que uno recuerde a los que no están. Acaban de pasar y he recordado, de pronto, aquel vaticinio tan lleno de honestidad que hiciera el tío George cuando me fui de Quillabamba.

–¿Cuándo te voy a volver a ver?

–Ya no me vas a ver de nuevo. Ya me estoy jugando los descuentos.

tiogeorge

Tío George y yo (aunque te juegues los descuentos).

Read More......

Es inhumano dispararle a un cadáver

No conozco a doña Alejandrina Camacho del Corral. Nunca le ví la cara. Sólo sé que se apellida igual que un amigo mío y apenas pude ver la talla treinta y cinco de sus pies descalzos envueltos en pantymedias de nylon. Nunca conocí su rostro. Pero imagino que tiene el cabello cano que corresponde a sus setenta y siete años. No sé si vive en Miraflores, si tiene familia, o si vive tan sola como cuando empezó a cruzar la avenida Diagonal, desde el parque Kennedy hacia el Cine Pacífico. Conozco la dirección de su caminata, pero no hacia dónde iba.

A la 1:30 p.m. del jueves 22 de noviembre, Alejandrina se cruzó conmigo. Cincuenta minutos antes, una coaster placa UQ-8905, conducida por Wilber Chávez Sandoval, la había dejado tendida en el pavimento. Según los testigos, su agonía duró dos minutos exactos. El chofer del vehículo que la atropelló, aceleró sin ver a una anciana que cruzaba con pasos cortos y lentos porque intentaba ganarle pasajeros a otro que cubre la misma ruta todos los días. La ruta de esa unidad pasa por San Marcos, la misma universidad donde estudié.

No estábamos en San Marcos, en el límite de Cercado de Lima y el Callao. Estábamos a poco más de nueve kilómetros de ahí, en pleno centro de Miraflores, el distrito limeño que inició siendo un balneario fuera de Lima y ahora es una zona residencial, dentro del casco urbano de la capital peruana, donde al día circulan más de ciento treinta líneas de transporte público. Cada una de las rutas debe tener al menos veinte unidades, lo que da un total de más de 2 mil 600 buses, coasters y combis recorriendo dicha jurisdicción las veinticuatro horas del día, en los estimados más modestos. Estoy en Miraflores, Wilber Chávez Sandoval acababa de atropellar a Alejandrina Camacho del Corral. Yo soy un bachiller en periodismo que espera conseguir su licenciatura y que se acaba de cruzar con el primer muerto de su vida.

"Un periodista es periodista las veinticuatro horas del día". Lo recordé cuando caminaba por el medio de una avenida Diagonal en la que no pasaban autos. El tráfico estaba cortado, según yo, por la construcción de un estrado donde al día siguiente habría un festival por el Día Mundial de la Música. Era la 1:30 p.m. cuando me crucé con Alejandrina y mi cámara empezó a trabajar. Casi al instante conseguí toda la información que pude y envié, en mi día de descanso del diario deportivo donde trabajo, un despacho detallado a los periodistas de policiales que alimentan a los tres medios no deportivos de Epensa, la empresa periodística donde trabajo.

No recuerdo cuántas fotos tomé. Recuerdo el vestido azul con vivos celestes, las pantymedias marrones. Tengo en mi cabeza el color rojo de la sangre y cómo esta se sedimentaba dejando el plasma separado de los glóbulos rojos. Recuerdo la adrenalina recorriendo mi sistema y cómo nunca tuve remordimiento. En mi cabeza retumban las palabras de José Ortiz (31), que salió a comer en el momento del atropello y un cuarto de hora después regresó diciendo que los efectivos de Serenazgo de la municipalidad no ayudaron a Alejandrina durante los quince minutos que duró su agonía. Yemerson Rengifo, un hombre de cuarenta y nueve años que se gana la vida lavando autos los desmintió. "Ahora la gente habla huevadas". Me tranquilizó: Todos los cambistas de dólares de esa calle me recuerdan que fue Yemerson quien vió con sus propios ojos, cansados por el sol de mediodía, el accidente completo.

El alcalde de Miraflores llega. Manuel Masías fue elegido luego que venciera en elecciones a su antecesor, Fernando Andrade. El argumento de campaña de Andrade era la continuación de la obra de su hermano Alberto: el ordenamiento de Miraflores y bastante seguridad ciudadana, matizado con obras cumbres como la remodelaciòn del puente Villena para quitarle el estigma del paraíso de los suicidas. Nada con el tráfico ni las combis. Masías aparece en medio de los quince semáforos del cruce donde falleció Alejandrina. Dice que tiene un proyecto para reducir el número de combis. Una chica le pide que la silueta de Alejandrina sea marcada con pintura blanca para que haya un recuerdo. El dice que lo tomará en cuenta. Yo sigo tomando fotos y sigo apuntando cada palabra.

A medio día no hay sombra. Lo recuerdo muy bien, pero no recuerdo cuántas fotos tomé. Recuerdo mucho aquella donde un policía descubre los pies de Alejandrina. En la espalda del chaleco del policía dice "Lima, ciudad segura". Es el sarcasmo andante. Es el mismo que minutos antes casi me bota porque pensaba que no era periodista y que de cuando en cuando descubre el cuerpo cuando las cámaras están estratégicamente colocadas. Recuerdo todo. Lo único que no recuerdo es aquella por la que no pude disparar: Ante la señal de un camarógrafo de América TV, un policía le descubre el rostro. Yo estaba en mala posición y, si fuera un fotógrafo de policiales, debía correr unos diez metros para ubicarme y disparar. Preferí caminar lento. Es inhumano dispararle a un cadáver y es más inhumano aún mirarle a los ojos mientras lo haces. No pude hacerlo. No conozco a Alejandrina y supongo que es un mecanismo de defensa no querer conocerla. Preferí dejarle ese trabajo a un fotógrafo como Erick.

- ¿Tú no eres de los que les descubre el rostro para tomar la foto? -le pregunté. Erick cerró sus ojos verdes y movió la cabeza de lado a lado. Luego hizo un gesto de fastidio.
- Estoy tratando de que no salga la sangre.

Read More......

Para Elisa

Me hice una prueba de VIH hace un mes. Salió negativa. Pedí que extrajeran varias gotas de mi sangre anémica porque unos días antes había leído el reporte de USAID/ONUSIDA y quería saber si se siente miedo. Dejé que pase todo el tiempo del mundo para recoger mis resultados y olvidé hacerlo incontables veces.

Ayer los recogí en la clínica de la Universidad y es curioso, pero aunque uno nunca haya tenido conductas de riesgo, busca la sinrazón para que la sicosis le gane. Pensé que quizás, en una de mis visitas a la Posadita del Buen Pastor, un albergue para niños con VIH en Magdalena, podría haberme infectado sin querer. Mi otro lado paranóico no podía recordar si la única vez que doné sangre, la aguja que me clavaron era nueva o usadita. Y así.

En la Clínica Universitaria de San Marcos tampoco ayudaron al momento de entregármelo. Primero, te lo dan a través de una ventanilla desde donde puedes ver la impresora donde, valga la redundancia, imprimen tus resultados. Es más, de reojo llegué a ver el NO REACTIVO en el papel, cinco minutos antes de que la señora que atendìa me diera el resultado.

Lo raro es que a pesar que lo había visto, seguí sudando frío hasta el momento en que tuve el papel en mi mano. Cuando la doña de los resultados salió con tres sobres cerrados, le pedí el mío pese a que sabía que ninguno de los dos era el mío. De paso me torturé pensando en que cada que mientras buscaban mi nombre, andaban apuntando el resultado para comentárselo entre ellos. Y asi, un largo etcétera lleno de delirios de persecusión.

Toda la experiencia de pánico hizo que me pusiera a buscar el informe de USAID/ONUSIDA acerca de la situación de la plaga hasta el 2006 y llegar al perfil de Perú. Los datos realmente me alarmaron.

1. Existen 93 mil personas infectadas con VIH en el Perú.
2. El 22.6 por ciento de los hombres homosexuales y el 20 por ciento de los trabajadores sexuales están infectados.
3. Del total de infectados, sólo el 52% de hombres y mujeres reciben terapia de antiretrovirales.
4. El gobierno expende 4 millones 272 mil 35 dólares para controlar la epidemia (el resto lo hacen los organismos privados).
5. Apenas el 3.5 por ciento de madres infectadas recibe tratamiento para evitar la transmisión de madre a hijo
6. Y ninguna fuente oficial ha dado informacion acerca de qué tan informados están los jovenes sobre cómo prevenir el contagio.
7. Esa información sale de los casos reportados. La del Perú no oficial son más y la situación peor.

Adjunto Para Elisa, la de Beethoven (Cortesía de alguien que colgó su video en Youtube)

Read More......

S.O.S.an Marcos (Déjenme salir!!!!)

Un jueves (el único día útil para hacer lo que debería hacer durante la semana) regresé a San Marcos. Eran casi las 2:00 p.m. e iba a conseguir mi diploma de bachillerato en un día de protestas. El SUTUSM (Sindicato Unico de Trabajadores de San Marcos) acababa de hacer su manifestación número 500 -de este año- y con cierto dejo de temor, las oficinas atendían. Hasta ahí dije "perfecto, son casi las dos de la tarde, la manifestación ya terminó, están a punto de cerrar, recojo el diploma y me largo".

Lo tuve en mis manos, lo juro. Me costó no sé cuántas lucas ahorradas de mi sueldazo de periodista deportivo durante no sé cuántos meses. Hice, incluso, un plan de ahorro que destinaba cien soles semanales a la insigne labor de pagar lo inhumano del costo del bachillerato que fue brutalmente destruído por mi novia, aquella que siempre me hace pisar tierra y me dijo que no iba a poder nunca sobrevivir con 70 soles a la semana. Pero luego -plan de ahorro aprobado por mi propio MEF-, conseguí pagarlo.

Luego de olvidar recogerlo mucho tiempo, lo tuve. Habían pásado muchas cosas. Estuve 22 días en Venezuela y a mi regreso estaba acostumbrándome de nuevo a la civillizada Lima. Una cara detrás de la reja de una ventanilla me dio en la mano el cartón color sepia preciosamente caligrafiado -con las 15 lucas que pagué por ese servicio- para que viera si tenía algún error. Lo revisé minuciosamente. Tenía un corte casi imperceptible en una esquina pero lo dejé pasar por alto porque en mi alma mater, si reclamas, tienes que esperar más.

Ella me dijo que me espere. Se acercó con dos boletas pagadas un día de febrero que no era jueves. Tenían una letra preciosamente caligrafiada por la que nio había pagado, y mi firma pésimamente falsicada por mi novia. Haciendo corto el cuento, resulta que los 40 soles pagados por el rimbombante concepto de "Derecho de Publicación (de mi bachillerato) en el boletín de la UNMSM" y los 28 que había cancelado por "Derecho de Copia Legalizada de Diploma" ya no valían.

El TUPA sanmarquino no tiene nada que ver con mi amiguísimo Héctor Carvallo, un fotógrafo de la competencia que me hace cagar de risa y de ternura cada vez que lo veo. Es una forma del poder universitario para ocultar un nombre cojudísimo: Téxto Unico de Procedimientos Administrativos, que no es otra cosa que un tarifario que entra en vigencia cada año.

Esta vez el TUPA jugó en mi contra. El del 2007 dice que esos dos conceptos de pago totalmente ridículos cuestan 15 y 12 soles más, respectivamente. Cuando esa cara detrás de las rejas me entregó las boletas y me dijo que mi sueño del diploma propio me iba a costar 27 soles más puse mi mejor cara de cojudo y ensayé la pregunta: "Dígame, señorita, por qué tengo que pagar de más si ya pagué todo lo que tenía que pagar". Ella solo señaló un papel medio oculto y me dijo que lo que ya les dije del nuevo TUPA y demás yerbas.

- Pero ya pagué esos trámites -dije yo, nuevamente con cara de cojudo.
- Pero ese trámite se inicia cuando usted recoge su diploma -me dijo, y ahí sí me dejó con cara de cojudo al natural.

O sea que San Marcos me cobra por anticipado por un trámite que haré después con otro precio, no me avisa a al email que puse todos los años en las fichas de actualización de datos que son requisito para matrícularse. Para remate, cuando fui a pagar en la tesorería -que atendía por la puerta falsa por temor a que le rompan una luna los manifestantes- me dejaron esperando un rato y luego me dijeron que nos iban a atender por donde siempre. Luego de ir al otro lado, casi romperles la luna yo porque no salían, mandar a la mierda al tarado que salió a decir "¿Acaso me quieres romper la luna? Ya son más de las dos, no jodas" y pelearme con un profesor viejito que no tiene la culpa de todo lo que pasa en mi querida universidad, me fui a Indecopi a ver si, aunque sea, mi reclamo podía ser escuchado. Los de Indecopi, amables ellos, me dijeron en resumen: "Si está en el TUPA, no podemos hacer nada".

Bueno, chequeé el dichoso TUPA y resulta que la Nacional Mayor de San Marcos te cobra 50 soles por legalizar un diploma en trámite normal, que dura un día, y 70 por hacer lo mismo en una hora. Si hay algo que tengo que agradecerle a la cuatricentenaria (así se escribe) es que han hecho legal la coima que antes se tenía que pagar en las oficinas. Gracias.

PS: Si alguien tiene quejas con algun asunto de pagos sanmarquinos (o en cualquier otra universidad nacional), por favor hágamelo saber, que estoy pensando hacer un reportaje sobre lo estúpido (y casi delincuencial) de esos cobros.

Read More......

Natascha tiene novio

Via Bild (fuente requerida para encontrar las noticias más extravagantes de Europa), me enteré días atrás que Natascha Kampusch, la austríaca que a los diez años que fue secuestrada (el 2 de marzo de 1998) por Wolfgang Priklopil y que escapó de su cautiverio ocho años después, tiene novio. O algo así.

La noticia, publicada originalmente en el diario austríaco Heute, no deja dudas. La nena está enamorada, aunque cuando uno ve la foto, no puede dejar de pensar en que la chica se muere de miedo. No por nada dijo en una entrevista a la cadena austríaca ORF que luego de la experiencia, se volvió antropofóbica: "No puedo moverme sola en la vía pública. Es demasiado arriesgado, la gente me habla y me asusto".

En fin, parace que Nata no estaba muy asustada. Su mamá, Brigitta Sirny, según una nota publicada por elsemanaldigital.com, dice que ellos son sólo amigos y su papá, Ludwig Koch, asegura que si la niña de sus ojos se fijó en él, es porque "debe ser un buen chico porque si no mi hija no saldría con él".

Vale Nat. Supongo que el hecho de que tu noviazgo, afane, agarre o lo que fuera, tenga más derecho a apareer en esa sección farandulera en la que -cito a ocraM-, "un atraso menstrual es noticia", jode. Y bastante.

Read More......

Citas Citables

  • "¿Sabes cómo matar a un cerdo? Lo haces correr hasta que no da más y luego le echas un balde de agua helada. Entonces, se le para el corazón" (Paskín)
  • "Yo sí creo en la vida después de La Patrona, solo que creo en ella con la misma certeza con la que creo que existe vida en otro planeta..." (Prakzis)
  • "Lo de estar jodido es natural, es como la depre, es solo el nombre comercial de la consciencia" (Carlos V.)
  • "Tómalo por el lado B" (Gi)
  • "¡Scheiße!" (Carmen K.)

Hipotecado en

Peru BlogsBlogalaxia Bitacoras.com BlogsPeru.com

Cerebro compartido

Creative Commons License

IBSN

Me han leìdo la mente