Toda casa debe tener un perro. Me lo enseñó papá.

Papá no decía eso. Yo lo invertí. El decía que todo perro debe tener una casa y vivir en una. No en un depa. Yo vivo en un depa, no soy perro. En fin, hace unos días me enteré que a mamá le regalarán un perro por su cumpleaños. Uno de esos arrugados, chiquitos y ociosos. No entiendo cómo papá no se ha negado, pero seguro tiene que ver con que los años han pasado y con que ya no tienen más hijos que cuidar. El asunto es que, a partir del 12 de agosto, mi casa tendrá perro nuevo.

Lo admito. Siempre quise uno. Hasta que nací yo y mientras vivíamos en Arequipa, había un pastor alemán cruzado con no-sé-qué que se llamaba Rintintín. Un día, alguien descubrió que era hembra y la rebautizaron. Pobre. Imagino que fue casi una operación de cambio de sexo asumir su nuevo rol en la vida de mi casa, considerando que para entonces el único hombre en casa era papá. Nací yo, nos mudamos a Chiclayo, y Rintintín-Rintina se quedó en algún lugar de Arequipa, desapareciendo en el olvido. Al menos eso dice la versión oficial de mamá.

Volviendo a lo del perro, no sé que tanto altere mi vida andar haciéndola de nana mientras mamá no esté con esa criaturita arrugada de raza Pug (Carlino, en buen castizo). Lo cierto es que toda casa nueva, incluyendo esta, necesita un perro (aunque sólo se trate de un departamento). Chequeando la joyita cuya caca tendré que limpiar, me queda en claro dos cosas: Que el perro ilustre tiene un árbol genealógico mejor que el mío y que por eso mismo debe ser más ocioso que yo.

Wikipedia mediante, resulta que Josefina Bonaparte (esposa de Napoleón, no de Chaparrón) tenía uno de éstos. Se llamaba Fortuna y la doña lo usaba para enviarle mensajes secretos cuando andaban "en afanes" (en correcto peruviano). Lo quería tanto que en su noche de bodas el buen Napo se negó a que el perro de marras durmiera con ellos, por lo que recibió una mordida del susodicho y una amenaza de la Jose ("¡Si no duerme en nuestra cama, tampoco lo haré yo!"), que dejó bien sentado que le Petit Corporal no era quien llevaba los galones en su lecho. Lo único que pudo salvar su honor es que, al final, el perro del cheff de palacio fue el que le dio curso a la pobre Fortuna, que no tuvo tal. Y Napoleón Bonaparte pudo dormir en paz. En fin, no es el único que se paseó en un palacio. La reina victoria tuvo uno. Era de color negro, color que ya fue descontinuado a fines del siglo XIX.

No sólo el buen Frank de Men in Black (ver foto) se cuenta entre los Pug ilustres. Según dicen a William de Orange lo salvó su Carlino cuando, durante su campaña contra los españoles el animal (me refiero al perro) lo despertó mientras unos asesinos estaban afuera de su tienda dispuestos a hacer su trabajo. Por cierto, el perro se llamaba Pompey.

Resulta que los Pug son salvavidas. Hoy necesitaba escribir y no sabía acerca de qué resulta que ese Pug al que no hemos bautizado aún me ha salvado la vida.

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Citas Citables

  • "¿Sabes cómo matar a un cerdo? Lo haces correr hasta que no da más y luego le echas un balde de agua helada. Entonces, se le para el corazón" (Paskín)
  • "Yo sí creo en la vida después de La Patrona, solo que creo en ella con la misma certeza con la que creo que existe vida en otro planeta..." (Prakzis)
  • "Lo de estar jodido es natural, es como la depre, es solo el nombre comercial de la consciencia" (Carlos V.)
  • "Tómalo por el lado B" (Gi)
  • "¡Scheiße!" (Carmen K.)

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